España - Valencia

Turandot, centenaria y sin final posible

Rafael Díaz Gómez
Puccini: Turandot. Regie de Ollé
Puccini: Turandot. Regie de Ollé © 2026 by Miguel Lorenzo y Mikel Ponce / Palau de les Arts Reina Sofía
Valencia, sábado, 6 de junio de 2026.
Palau de les Arts Reina Sofía. Sala Principal. Giacomo Puccini: Turandot, ópera en tres actos, con libreto de Giuseppe Adami y Renato Simoni, basada en la obra teatral homónima de Carlo Gozzi. Estreno: Milán, Teatro alla Scala, 25 de abril de 1926. Versión con final completado por Franco Alfano a partir de los esbozos de Puccini. Dirección escénica: Àlex Ollé. Escenografía: Alfons Flores. Vestuario: Lluc Castells. Iluminación: Urs Schönebaum. Producción del New National Theatre de Tokio y Tokyo Bunka Kaikan. Ekaterina Semenchuk (Turandot), Gregory Kunde (Calaf), Carolina López Moreno (Liù), Liang Li (Timur), Jan Antem (Ping), Pablo García-López (Pang), Mikeldi Atxalandabaso (Pong), Josep Fadó (Altoum / Príncipe de Persia), Agshin Khudaverdiyev (Mandarín). Cor de la Generalitat Valenciana. Jordi Blanch, director. Escolania de la Mare de Déu dels Desemparats. Luis Garrido, director. Escola Coral Veus Juntes. Marta Mármol y Roser Gabaldó, directoras. Orquestra de la Comunitat Valenciana. Dirección musical: Sir Mark Elder.
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Teatro completo y público puesto en pie, casi por resorte, para aplaudir esta Turandot con la que se cierra una de las temporadas operísticas más exitosas de Les Arts. Y, queriendo o sin querer, la producción parece anticipar el hilo conductor de lo que nos espera el próximo curso, una "reflexión sobre el poder, la geopolítica y los conflictos sociales" que pocas sonrisas nos augura, la verdad.

Obviando la cuestión de la geopolítica, poder y conflictos sociales tampoco es que sean asuntos precisamente infrecuentes en las óperas del gran repertorio, ya en su concepción original, ya en su adaptación escénica. Es lo que ocurre en esta producción de Àlex Ollé estrenada en Tokio en 2019. El director de escena plantea un monumental espacio distópico y opresivo (otra vez vuelvo a usar este adjetivo en una puesta en escena de esta temporada), que no parece sino la base de una oscura colmena donde se desenvuelve el pueblo, bien disciplinado por un cuerpo policial, vete a saber si amparado en una Ley Mordaza a la oriental manera.

Lo oriental, por cierto, queda reducido a aspectos del vestuario, muy pobre y apagado para el coro, y blanco y rico para los representantes de la autoridad. Estos últimos tienden a hacer su aparición desde las alturas, acompañados de una luz blanca y lunar, incluso descendiendo en una especie de nave espacial o ascensor Premium, GOAT, Next-Gen o cualquiera que sea el término que ahora imponga la mercadotecnia. Una serie reticular de escaleras a ambos lados de la caja que envuelve el centro escénico permite distribuir los grados del dominio. Cuando es el coro el que ocupa esos lugares, no lo hace como ascensión sino como paso previo a su desaparición, pero, en cualquier caso, queda así potenciado el juego de la proyección sonora.

Puccini: Turandot. Dirección musical: Sir Mark Elder. Dirección escénica: Àlex Ollé. Valencia, Palau de les Arts Reina Sofía, junio de 2026. © 2026 by Miguel Lorenzo y Mikel Ponce / Palau de les Arts Reina Sofía.Puccini: Turandot. Dirección musical: Sir Mark Elder. Dirección escénica: Àlex Ollé. Valencia, Palau de les Arts Reina Sofía, junio de 2026. © 2026 by Miguel Lorenzo y Mikel Ponce / Palau de les Arts Reina Sofía.

Por lo demás, Ollé tampoco se libra de sortear infelizmente el bloqueo que atenazó al mismo Puccini a la hora de darle un final a la obra que se ajustara a lo demandado por el libreto después de la muerte de Liù. Quizás para justificar su decisión sobre esta conclusión, Ollé plantea una breve acción escénica antes de que la música comience a sonar en el primer acto. En ella se evidencia un acontecimiento de violencia patriarcal. Turandot es quien sabe que este abuso no es un hecho aislado del pasado, sino algo estructural y, por lo tanto, continuo. Así que, ¿cómo entregarse a un hombre que acaba de tratar de conquistarla de manera definitiva con un beso forzado? Imposible. El cadáver de Liù en el suelo y el puñal con el que ha acabado con su vida le marcan el camino del suicidio, que es el que toma. Lo que ocurre es que el texto y la música de Alfano desmienten esa opción. Y así seguimos, un siglo después del estreno, dándole vueltas a este final imposible.

Quien no marea la perdiz es Mark Elder. ¡Vaya lectura más sólida y contundente la suya! Vigor elástico, firmeza maleable, aliento denso. No hay estrato que pierda definición ni acontecimiento sonoro que no cobre valor. Es todo un acierto tenerlo en la titularidad de Les Arts. La orquesta no puede desfallecer con él. Nada de pilotos automáticos. Tensión fecunda en todos los atriles. Y disfrute multicolor para el público. Al nivel de lo más excelente que ha pasado por este foso. Me perdí por razones de salud su Luisa Miller de hace unos meses. Y bien que lo siento, ahora aún más.

Puccini: Turandot. Dirección musical: Sir Mark Elder. Dirección escénica: Àlex Ollé. Valencia, Palau de les Arts Reina Sofía, junio de 2026. © 2026 by Miguel Lorenzo y Mikel Ponce / Palau de les Arts Reina Sofía.Puccini: Turandot. Dirección musical: Sir Mark Elder. Dirección escénica: Àlex Ollé. Valencia, Palau de les Arts Reina Sofía, junio de 2026. © 2026 by Miguel Lorenzo y Mikel Ponce / Palau de les Arts Reina Sofía.

Y pese a la consistencia orquestal y la de un impactante (por su impecabilidad) Cor de la Generalitat (estupendos también los coros infantiles), los cantantes solistas, por el control de los volúmenes, jamás estuvieron desamparados. En cualquier caso, no es proyección ni anchura lo que le falta al Calaf de Gregory Kunde. Tampoco da muestras de cansancio ni de inseguridad en las zonas de paso (magnífico en la escena de los enigmas). Pero a su canto, sin duda de una gran precisión técnica, le falta espontaneidad, algo de brillo y ligereza en el legato. Supongo que esto viene más por el inevitable paso del tiempo que por la adaptación del tenor a papeles más robustos que los de anteriores fases de su carrera. Actoralmente, siendo Calaf tan poco atractivo como personaje, tampoco vamos a sacarle muchas pegas a Kunde en su desempeño gestual, aunque indicaremos que actúa mejor con la voz que con el cuerpo. En fin, un autoritario y compacto Calaf a cargo de un notable Gregory Kunde.

El temible rol de Turandot estuvo a cargo de una Ekaterina Semenchuk imperial. Ya había interpretado antes el papel, pero eso no será obstáculo para que una y otra vez se aluda a su condición de mezzo abordando una partitura de soprano dramática, con los consiguientes perjuicios para los ataques en el agudo (esos golpes helados y punzantes que requiere la parte). Yo no observé que empujara más de la cuenta o que agrietara los agudos, que resolvió con gran dominio. Su centro y grave, potentes. Su apariencia monolítica, comunicativa. Y la transformación final, convincente vocalmente pese al desmentido de la escena.

Ahora bien, quien se llevó el premio especial del respetable fue una Carolina López Moreno que bordó el papel de Liù. Timbre aterciopelado, para nada mate, homogeneidad plenamente conseguida, fraseos elegantes, matices delicados, vibrato controladísimo (admirablemente en los filados), en fin, un dechado de virtudes canoras que con su actuación ha sentado mando en plaza en Les Arts. Seguro que no tardará en regresar.

Puccini: Turandot. Dirección musical: Sir Mark Elder. Dirección escénica: Àlex Ollé. Valencia, Palau de les Arts Reina Sofía, junio de 2026. © 2026 by Miguel Lorenzo y Mikel Ponce / Palau de les Arts Reina Sofía.Puccini: Turandot. Dirección musical: Sir Mark Elder. Dirección escénica: Àlex Ollé. Valencia, Palau de les Arts Reina Sofía, junio de 2026. © 2026 by Miguel Lorenzo y Mikel Ponce / Palau de les Arts Reina Sofía.

Muy bueno el trío Ping, Pang, Pong, a cargo de, respectivamente, Jan Antem, Pablo García-López y Mikeldi Atxalandabaso. Sincronización rítmica y empaste tímbrico, versatilidad en su adaptación tanto a lo grotesco como a lo nostálgico y resistencia física, fueron algunas de las características de este conjunto en el que la veteranía del siempre seguro Atxalandabaso casaba bien con el desparpajo de sus dos compañeros de reparto.

Liang Li fue un Timur revestido de una dignidad, potestad moral, seguridad y entrega que ya quisieran otros monarcas. Y su contraparte en la esfera de poder, Altoum, fue defendido por Josep Fadó con el conveniente filo, tan complicado de conseguir, entre lo majestuoso y lo lacio. El mismo tenor sostuvo con apropiada nobleza su aparición como príncipe de Persia.

En fin, un siglo después, Turandot sigue sin encontrar su final, pero mientras haya intérpretes como los que han construido esta versión, seguirá mereciendo la pena asistir al enigma. Porque la vida es una y la muerte, que se espere. 

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