La Orquesta de Córdoba ha puesto el
broche final a una temporada especialmente interesante con un programa que
reunía dos de los grandes pilares del repertorio sinfónico: el Concierto
para violín de Brahms y la Segunda Sinfonía de Sibelius. La
coincidencia tonal entre ambas composiciones en Re mayor, tonalidad asociada
con frecuencia a la brillantez, el ímpetu y cierta idea de triunfo, sirvió de
nexo entre la nobleza brahmsiana y la amplitud épica de Sibelius. Pero también
sugirió una metáfora idónea para una orquesta que afrontaba la clausura de una
temporada marcada por una evidente madurez artística.
La obra de Brahms estuvo
protagonizada por Ellinor D'Melon, encargada de afrontar una de las partituras
más exigentes y complejas del repertorio violinístico. Su aproximación al
concierto brahmsiano no destacó tanto por la contundencia…
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