España - Cataluña

Gaudí, entre Boston y Barcelona

Andreu Ripol
Pérez-Collellmir: Set Somnis de Gaudí
Pérez-Collellmir: Set Somnis de Gaudí © 2026 by Rachael Hacking
Barcelona, miércoles, 10 de junio de 2026.
Palau de la Música Catalana. Arvo Pärt: Da pacem domine, para coro y cuerdas. David Cieri: 84 Campanes, para coro y orquesta (estreno mundial). Olivia Pérez-Collellmir: Set Somnis de Gaudí, para soprano, coro y orquesta (estreno mundial). Núria Rial, soprano. Cor de Cambra del Palau de la Música Catalana (Xavier Puig, director). Cor Jove de l’Orfeó Català (Pablo Larraz, director). Cor de Noies de l’Orfeò Català (Montserrat Meneses, directora). Philharmonia Orchestra. Marin Alsop, directora.
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Todo empezó como un sueño fantástico en la mente de una ciudadana de Boston, gran amante de la obra de Gaudí. Pero ya sabemos que muchos sueños se pueden hacer reales, sobre todo, si se pone la mayor ilusión y el mayor empeño en ellos. Así que la señora Renée Chan, fundadora de Everyday Deeds, una organización sin ánimo de lucro que pretende mejorar el nivel de vida de las comunidades más desfavorecidas de su ciudad, con el apoyo de su esposo, el abogado y filántropo Patrick Mitchell, se puso manos a la obra para transformar su sueño en los sueños de su admirado arquitecto Antoni Gaudí, y para ello, inició, paso a paso, lo que acabaría convirtiéndose en un ambicioso proyecto musical, imaginado para ver la luz en la ciudad donde Gaudí dejó inacabada su gran obra arquitectónica, la Sagrada Familia, en la fecha del centenario de la muerte del genio. A esto hay que sumar el hecho de que, el mismo día del estreno del proyecto en el Palau de la Música, se procedía a la inauguración de la Cruz de Jesús (la punta más elevada de la Sagrada Familia, a 172,5 metros de altura) y a su bendición por parte del Papa León XIV, durante su visita a Barcelona.

Volvamos a este sueño, que fue cobrando realidad y acotando su objetivo de reunir un elenco de personalidades musicales en torno a este magnífico proyecto, repleto de amor y admiración hacia la figura de Gaudí. Entró entonces en escena la pianista y compositora catalana, también afincada en Boston, Olivia Pérez-Collellmir, ganadora de diversos premios y menciones, tanto en su faceta pianística como de compositora, y con ella, fue tomando forma, a lo largo de varios años, la poderosa partitura para soprano, coro y orquesta, en la que también ha participado, como autora del texto, otra catalana de renombre, la escritora Anna Gual, cuya obra poética ha recibido varios premios literarios.

Se cumplió el sueño de Renée Chan, y la obra musical ha recibido su bautizo universal en el lugar y fecha previstos. Hemos conocido una pieza brillante, ecléctica, efectista, y también poseedora de una gran sensibilidad humana, que nos ha aportado, además de una estructura sinfónico-coral que podía llegar a recordarnos el poderío de la Carmina Burana de Orff, algunos flashes folclóricos, cinematográficos y de música new age. La construcción, tremendamente complicada, por la gran cantidad de instrumentistas y cantantes implicados, está resuelta muy favorablemente, y en todo momento la música se expresa con claridad y fluidez. Este buen rendimiento sonoro se lo debemos también a la magnífica labor de la directora Marin Alsop.

La pieza, articulada en siete partes (los siete sueños de Gaudí), comienza evocando la infancia del arquitecto, en un fragmento con protagonismo de la voz femenina, muy corto y algo insípido. Pero a partir de aquí, la obra va adquiriendo fuerza y forjando su personalidad. El segundo sueño posee un ritmo potente y convincente, con protagonismo de la percusión, el martillo y el yunque, en la descripción del taller donde trabajó el padre de Gaudí. Vienen después dos movimientos que reflejan la tensión psicológica del gran creador. “Dualidad”, propone el dilema entre la tradición y los gustos de la época frente al estallido del genio original y transgresor, mientras que “Duelo” evoca la muerte de la madre, que tanto afectó al joven Gaudí. La voz etérea de una Núria Rial, situada en la parte superior del órgano, parecía descender suavemente desde las alturas, en uno de los momentos más emotivos de la obra.

Seguidamente se alternan dos movimientos contrastados: “La Revuelta”, es quizás la parte más espectacular, con sus ritmos sincopados que evocan la violencia de la “Semana Trágica” de 1909, y posee un tratamiento admirable de la masa coral, que comienza con las voces masculinas, para finalizar con un tutti coral grandioso y colorista. En cambio, “La Oración” regresa a lo más íntimo y meditativo, mostrando la espiritualidad de Gaudí y su constante comunión con Dios. El último sueño se centra por completo en la catedral de la Sagrada Familia, sintetizando toda la vida artística y espiritual del gran arquitecto volcada en la construcción del templo que se ha constituido en su indiscutible obra maestra. Este fragmento alterna momentos de recogimiento espiritual con imponentes crescendos.

Pero no fue este el único estreno mundial que pudimos disfrutar en esta noche tan especial, ya que, en la primera parte del concierto, tras un breve aperitivo constituido por Da pacem de Arvo Pärt, una emotiva y breve pieza para cuerdas y coro, que ya podríamos calificar de “antigua” en esta velada, pues ya tiene más de veinte años, se ejecutó la obra 84 Campanas del compositor estadounidense David Cieri, un músico original y comprometido, que se ha movido sobre todo en el universo cinematográfico, en especial colaborando en diversos documentales.

Cieri se basó en la idea gaudiniana de concebir la Sagrada Familia como un gran instrumento musical, y recuperó el proyecto de las campanas hiperboloides que imaginó Gaudí para el templo (unas campanas que no llegaron a construirse porque los diseños quedaron destruidos durante la Guerra Civil), para componer una obra que concede protagonismo a estos bloques percusivos, que recientemente han sido recreados por Galdric Santana, director de la Cátedra Gaudí de la Universitat Politècnica de Catalunya, y cuyas primeras piezas han sido diseñadas y preparadas para la ocasión.

La obra de Cieri, para coro de cámara y orquesta, ecléctica, espectacular y de sonoridad brillante, posee un cierto aroma de banda sonora y, en momentos puntuales, parece recibir inspiración del impresionismo y el minimalismo. Se encuentra estructurada en tres partes. La primera “Envía lluvia a mis raíces”, es la más reflexiva, mientras que “Sagrada Familia - Un himno” tiene su base en un coro femenino de quince miembros apoyando la intervención solista de la soprano, Núria Rial, situada, como en la otra obra, en las alturas del escenario. La última parte, “Nuevos barcos y un océano de estrellas” es la más espectacular. Sobre la base de un largo pizzicatto de talante minimalista, los instrumentos de viento plantean un tema enigmático que parece evocar el Bolero de Ravel, mientras que la aparición, en la parte final, de las voces femeninas, ha despertado en mi memoria las famosas “Sirenas” de los Nocturnos de Debussy.

Excelente la interpretación de las tres formaciones corales que han participado en el evento, así como de la mencionada Núria Rial en sus apariciones solistas, con la exquisita voz de soprano a que nos tiene acostumbrados. También en primera línea la labor de la Philharmonia Orchestra, y, desde luego, la batuta ardiente y dinámica de Marin Alsop, quien, peleando incluso con los micrófonos instalados a su alrededor, ha conducido con mano firme este inmenso conjunto vocal e instrumental, que a duras penas se hacía caber en el limitado escenario de un Palau de la Música con un lleno de público casi total.

Todos ellos, con su entusiasmo y su esfuerzo, han conseguido llevar a buen puerto este “sueño de los sueños gaudinianos”, que transporta en volandas el espíritu del genio desde la lejana ciudad de Boston, donde se ha gestado y preparado el proyecto que hoy hemos conocido, hasta su amada Barcelona, donde se han estrenado las obras musicales, con destacada presencia catalana, en especial, del Orfeó Català, tan querido por Gaudí, que, como sabemos, fue gran amigo del fundador del coro, Lluis Millet.

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