El proyecto se presentaba como un
homenaje simbólico a diversas heroínas de la historia a través de un recorrido
poético por Oriente y Occidente, una ambiciosa propuesta escénica que
renunciaba deliberadamente a cualquier clasificación convencional. Esa voluntad
de construir una experiencia sensorial por encima de una narración tradicional
marcó desde el principio el desarrollo del espectáculo. Apenas unas breves
intervenciones vocales servían de guía dentro de una sucesión de escenas donde
la música, el movimiento y la iluminación asumían casi todo el peso expresivo.
Una
opción que resulta plenamente legítima pero que también comporta un riesgo
evidente: el de que el concepto termine siendo mucho más sugerido que
comunicado. Y eso fue, probablemente, lo que ocurrió en este estreno. El
indiscutible impacto estético de la sucesión de…
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