España - Andalucía

La guitarra clásica resiste con Russell

José Amador Morales
David Russell en el Festival de Guitarra de Córdoba
David Russell en el Festival de Guitarra de Córdoba © 2025 by IMAE
Córdoba, jueves, 9 de julio de 2026.
Teatro Góngora. David Russell, guitarra. Carlos García Tolsa: Valses. Federico Moreno Torroba: Castillos de España (“Alcázar de Segovia”, “Montemayor”, “Zafra”, “Turégano”, “Torija”, “Olite”). Stephen Goss: Don Quixote. Johann Sebastian Bach: Preludio, BWV.999; Sinfonía, BWV.788; Preludio, BWV.924; Arioso, BWV.156; Courante BWV.1004; Sarabanda BWV.825; Giga, BWV.825. Isaac Albéniz: Selección de transcripciones para guitarra. 45 Festival Internacional de la Guitarra de Córdoba.
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A lo largo de una trayectoria que supera ya el medio siglo sobre los escenarios, David Russell continúa siendo uno de esos intérpretes capaces de hacer disfrutar de la guitarra clásica tanto al aficionado más experimentado como al oyente que se acerca por primera vez al instrumento. Su ya tradicional visita al Festival de la Guitarra de Córdoba volvió a poner de manifiesto una musicalidad fuera de lo común, sustentada en un sonido noble, un fraseo siempre elocuente y una capacidad comunicativa intacta. A sus 71 años, sin embargo, también resulta natural que el tiempo deje alguna huella en una técnica que durante décadas pareció sencillamente infalible.

El concierto, de casi dos horas de duración sin intermedio, dio comienzo con los delicados Valses de Carlos García Tolsa, guitarrista y pedagogo coetáneo de Tárrega, que el intérprete escocés abordó con refinamiento, sensibilidad e impecable musicalidad.

Seguidamente procedió con una selección de seis piezas de Castillos de España, de Federico Moreno Torroba, obra que ya ofreciera íntegramente el año anterior y que, como entonces, acompañó de proyecciones de las fortalezas evocadas en la música. El inconfundible lenguaje ecléctico y castizo del compositor madrileño fue puesto de manifiesto en unas lecturas que destacaron la hondura expresiva de “Montemayor”, el precioso trémolo de “Zafra” o la brillantez virtuosística de la conclusiva “Olite”.

El citado recurso visual, elegante y discreto, encontró una justificación aún más natural en el “casi estreno” -como el mismo Russell anunciara con cierto humor- de la suite Don Quixote, de Stephen Goss, dedicada al propio intérprete, donde las ilustraciones reforzaron el marcado carácter narrativo de los distintos episodios cervantinos.

Aunque la sucesión de ambos ciclos terminó configurando un tramo del recital particularmente denso e introspectivo, David Russell volvió a demostrar aquí una extraordinaria inteligencia musical, desplegando un admirable sentido del color y una atinada capacidad para caracterizar ambientes y personajes sin caer en el efectismo.

La selección de obras de Bach volvió a confirmar por qué el repertorio barroco ha sido siempre uno de los pilares de su repertorio habida cuenta de su intachable adecuación estilística, particularmente evidente en la claridad del contrapunto, el equilibrio entre las voces y la naturalidad del discurso. Todo ello pese a algún sonido aislado menos limpio de lo acostumbrado y un breve desajuste en la Giga, probablemente motivado por una vacilación de memoria o lectura, que el intérprete resolvió con la profesionalidad y discreción acostumbradas.

El programa finalizó oficialmente con un Albéniz “marca de la casa”, de insuperable belleza en lecturas alejadas de cualquier pintoresquismo superficial.

Tras las insistentes ovaciones, Russell regaló dos bises tan contrastantes como reveladores de su personalidad artística: una de sus vertiginosas recreaciones sobre un tema tradicional celta, desbordante de frescura y virtuosismo, y la íntima Añoranza, de Antonio D'Alessandro, ofrecida con serena emoción y dedicada, como ya es habitual, a los trabajadores del festival.

No queremos finalizar el presente artículo sin hacer un llamamiento a la organización del festival cordobés para que la guitarra clásica, que siempre ha avalado el prestigio internacional del mismo, recupere el espacio que históricamente ha ocupado en sus ediciones; algo difícil de sostener con sólo tres recitales este año (¡hemos llegado a ver nueve!) y desterrada de facto desde hace muchos años del habitual concierto sinfónico que protagoniza la Orquesta de Córdoba.

Al mismo tiempo, también sería deseable que se vuelvan a ofrecer impresos, aunque sea de la forma más sencilla y sobria, los programas de los distintos recitales habida cuenta de las evidentes dificultades a la hora de acceder a los mismos de forma digital durante los mismos, obligando a los asistentes a seguir los recitales sin información sobre las obras interpretadas, situación agravada además por los evidentes errores en la web a la que enlazaban (caso, sin ir más lejos, del programa de Russell). 

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