Llorenç Barber es el Chopin de las campanas. Un músico que desde la más rabiosa contemporaneidad, ha sabido llevar al máximo de su expresividad un instrumento tan ancestral como descuidado por los compositores anteriores 1. Y aunque el catálogo compositivo de Barber va mucho más allá de la campana, con obras muy valiosas de gran y pequeño formato, bien puede decirse que su quehacer como especialista de este instrumento no tiene parangón, habiendo incluso inventado un sistema de notación específico. De Roma a Buenos Aires pasando por Rio de Janeiro, Yokohama o Lugo (más de 200 conciertos de campanas en más de 20 países), Barber ha hecho sonar ciudades enteras a través de sus campanarios, con la participación de miles y miles de voluntarios entusiasta. Y en las ciudades en que no hay tradición de campanas, Barber ha cogido su campanario portátil, o su paellófono, u otros instrumentos desarrollados por el propio compositor, para ofrecer como solista conciertos de un virtuosismo sin par.
Lo dicho: un grande de la música actual, y un grande de la campana.
En Segovia, los conciertos de campanas de Llorenç empiezan a ser una tradición 2 pues ya es la cuarta vez que hace sonar los campanarios de la ciudad gracias a la preciosa ayuda de los hermanos Gómez de Caso y, esta vez también gracias al trabajo del infatigable José González, siempre entusiasta para promover a los artistas en los que cree, así como del apasionado defensor de las campanas Antonio Girón Guerrero y de la Fundación Juan de Borbón
En esta ocasión, el concierto de Barber y la intervención previa de la coreógrafa Agustina Sario, servían como apertura de la quincuagésimo-primera edición del MUSEG, el Festival de Música de Segovia que se desarrolla en Segovia del 15 al 26 de julio con participaciones prestigiosas (Ainhoa Arteta, Cuarteto Diotima, Orfeón Donostiarra, Al Di Meola, Israel Galván,...) 3.
Y de nuevo ha sido el concierto de Llorenç un éxito.
Gente que se agrupa en la plaza para poder asistir al inicio del concierto, gente que va de campanario en campanario al acecho de todos los matices que el concierto puede dar, segovianos y turistas venidos a escuchar el concierto, gente que aprovecha que pasea al perro para disfrutar de la música, gente que escucha atenta desde las terrazas de los bares, chiquillos que escuchan y juegan y juegan y escuchan, padres que los vigilan mientras escuchan, vecinos que se saludan y comentan entusiastas lo que están oyendo, gente que se asoma a los balcones... La ciudad se convierte en una inmensa y hermosísima 4 sala de conciertos en que se cumple el ideal peripatético de Henry Wood, creador de los Proms londinenses.
Escuchamos los distintos toques, los distintos sonidos de cada una de las distintas campanas de cada uno de los distintos campanarios, escuchamos los crescendos y diminuendos, escuchamos los coros que desde lo alto de los campanarios proyectan cantilenas que parecen venidas de otro mundo, escuchamos los gritos que a veces emanan de los propios campaneros, o los silbidos, según los momentos... Y cada espectador escucha algo distinto de esta partitura tan sencilla como monumental, con un resultado que por su propia naturaleza no puede ser sino inaprensible en su totalidad. Es imposible poder escuchar todos lo que emana de los distintos campanarios, así que desde el inicio hay que dejar de lado la idea tradicional de una obra en la que el espectador escucha todo lo escrito por el compositor.
Por el contrario, es necesario para el oyente integrar los sonidos que emanan de la ciudad misma: los saludos entre vecinos, la moto que pasa, algún coche ocasional, los cliqueteos de las copas en los bares... La escucha de la partitura de Llorenç agudiza la escucha de los demás sonidos de la ciudad, así que la ciudad entera se convierte en el instrumento que suena. Una proeza que sólo a Barber le conozco.
El espectador-paseante puede así percibir tanto momentos de jolgorio, como de ensoñación, como de misterio (el mismo título de la obra lo sugiere), evocaciones de antiguas fiestas paganas, de revoluciones, de guerras o de paces, en la que me atrevo a calificar como una de las partituras más evocadoras de toda la Historia de la Música.
Pero todo esto no sería posible sin una figura fundamental. Hablamos de Montserrat Palacios, la muy valiosa performer, soprano y creadora hispano-mejicana que para la ocasión se convierte en directora musical, poniéndose al mando de los distintos equipos en cada campanario. El éxito del concierto se debe en buena parte a su actuación. Porque si Barber es el Chopin de las campanas, Palacios es su Carlos Kleiber.
Palacios tiene el exquisito don de encuadrar en libertad. Consigue que cada equipo se sienta libre y que a la vez se sienta responsable, atento a las indicaciones de la partitura, parte de un todo. Y cada uno de los directores de campanario utiliza su propia (y en ocasiones sabrosa) forma de dirigir. Y todos y cada uno de los participantes lo da todo, disfrutando de hacer música, disfrutando de sonar juntos, a la vez disciplinados y creativos.
Y es que en este equipo (unas setenta personas) formado ex-profeso para el concierto 5 hay de todo: estudiantes de música, músicos profesionales, personas totalmente ajenas al mundo musical, jóvenes, no-tan-jóvenes, amas de casa, estudiantes, jubilados, profesionales en vacaciones... Una representación de toda la sociedad unidos por la música. Una suerte de ideal cumplido.
Cuando hablamos de Arte Participativo, de Arte creado por el pueblo, de implicación del espectador en la obra de arte, no se nos ocurre mejor ejemplo que los conciertos de campanas de Llorenç Barber capiteaneados por Montserrat Palacios.
Y no sólo eso. Es que a raíz de este concierto la Asociación de Campaneros de Segovia retoma auge, que se crean grupos de amigos entre los participantes, que se envían vídeos de distintos toques de campanas, que se ha creado una aplicación con distintos toques para que suenen en el teléfono con sus efectos benéficos 6...
Este concierto será un hito artístico en las vidas de todos los participantes. Y muy posiblemente también en la vida de muchos de los espectadores.
Correo electrónico enviado a Montserrat Palacios por un participante
"Muchas gracias por esta experiencia, la verdad es que con el atardecer de fondo en la catedral y el sonido de las campanas, conseguimos tener una sensación de sinestesia que supongo, nos acerca a lo que Scriabin padecía... ver la música con colores.
Lo interesante como director era dejar la resonancia en el campanario unos segundos y escuchar los golpes de las campanas de al lado, además de los estupendos compañeros, el coro, tener a mi padre al lado, que se vino en el último momento y se acordó de su infancia y sus subidas al campanario de su pueblo... el sentir que el campanario es un instrumento gigante y que tienes un poder que te acerca al cielo.... Muchas gracias de nuevo." [Jesus David Díaz Llorente, director del campanario de San Millán]
1. No se puede decir que la ocasional inclusión de campanas en cierta partituras (Mussorgsky, Mahler, …) haya supuesto un real interés de los compositores clásicos por este instrumento.
2. Estaría bien que dicha tradición continuase, que cada tres o cuatro años Segovia pudiera ofrecer un concierto de campanas de Barber. Lanzo la idea en caso de que algún edil con visión de futuro llegue a leer esta crónica.
3. Por razones que no vienen al caso, quien esto escribe no pudo asisitir al trabajo de Agustina Sario. Espero que el lector no nos lo tenga en cuenta.
4. En efecto, Segovia es una ciudad hermosísima, con magníficos esgrafiados en la mayoría de sus fachadas, con numerosísimas iglesias y palacios, joyas del Románico y del Renacimiento, amén de sus impresionantes catedral, alcázar y acueducto...
5. En este sentido hay que subrayar la inestimable colaboración de Pilar Peñalosa.
6. "Laudes. Neurociencia & Inteligencia Monacal", aplicación debida a Chema San Segundo
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