En el Barroco y
el Clasicismo, los músicos tenían un perfil más de artesanos que de artistas.
Dominaban varios instrumentos, y su trabajo creativo, sometido a obligaciones y
encargos, abarcaba todo tipo de composiciones: profanas, religiosas; serias,
cómicas; largas, cortas; muy simples o muy complicadas; y también hacían
arreglos de todo tipo de sus propias obras. La adaptabilidad formaba parte de
su oficio.
Bach, con sus
innumerables compromisos eclesiásticos traducidos en centenares de piezas
vocales religiosas, a la vez que en su extensa obra para órgano, y Mozart, que
ora tenía que componer una sonata para piano que no complicara mucho la vida a
alguna de sus alumnas, ora debía tener listo un divertimento para amenizar la
velada de tal o cual miembro de la nobleza salzburguesa, podrían constituirse
en los más conocidos ejemplos de…
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