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La experiencia de escuchar el violonchelo de Casals

Andreu Ripol
Ettore Pagano recibe el violonchelo Goffriller de Pau Casals
Ettore Pagano recibe el violonchelo Goffriller de Pau Casals © Alexandre de Terwangne | Queen Elisabeth Competition
Barcelona, miércoles, 22 de julio de 2026.
Palau de la Música de Barcelona. Schumann: Cuarteto con piano Op. 47. Haydn: Concierto para violonchelo n.º 2 Hob.VIIB/2. Mozart: Sinfonía n.º 29 K.201. Ettore Pagano, violonchelo. Orquestra del Festival Pau Casals. Antje Weithaas, concertino y directora. Verano en el Palau 2026
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Muchas cosas interesantes nos está ofreciendo este año del 150 aniversario de Pau Casals, en especial en el Palau de la Música de Barcelona, que tiene prevista una culminación muy especial el próximo 15 de diciembre con la interpretación del oratorio El Pessebre. Mientras tanto, como decíamos, van apareciendo platos musicales muy sabrosos relacionados con la figura del maestro de El Vendrell. El concierto que comentamos ahora, formando parte del ciclo “Verano en el Palau”, nos ha traído a la Orquesta del Festival Pau Casals para recrear una velada que ha reunido obras sinfónicas y camerísticas, muy afines al gusto musical maestro.

El gran aliciente de la noche consistió en la presencia del reciente ganador del Concurso Internacional Reina Isabel de Bruselas, el prestigioso certamen fundado en 1937 por la monarca belga, en memoria del gran Eugène Ysaÿe, y que, desde hace unos años, incorporó el violonchelo como uno de los instrumentos en concurso.

Hace apenas dos meses (el 27 de mayo) se celebró la gran final de violonchelo, saliendo vencedor el joven italiano Ettore Pagano, quien se presentó con una de las obras más difíciles del repertorio, la monumental Sinfonía Concertante Op. 125 de Prokofiev, de la cual realizó una interpretación ciertamente destacada.

El vencedor ha recibido en préstamo para los próximos cuatro años, nada menos que el legendario violonchelo Matteo Goffriller, construido en 1733 y adquirido en 1908 por Pau Casals, quien lo consideró su cómplice musical durante más de sesenta años. La cesión, impulsada por la Fundación Pau Casals, ha permitido a este joven virtuoso, casi sin tiempo para asumir la importancia de su gesta, pisar el escenario del Palau de la Música para ofrecer uno de los conciertos de Haydn, tantas veces interpretado por el célebre propietario de este Goffriller 1733.

Siempre he considerado los dos conciertos para violonchelo como las mejores piezas concertantes de Haydn (con permiso del diminuto pero exquisito Concierto para trompeta Hob.VIIE/1), notablemente superiores a sus homólogos para pianoforte y para violín. El Concierto en re mayor, compuesto por Haydn en plena madurez, es una joya de construcción orquestal, con sus constantes cambios de tonalidad y el vibrante virtuosismo del solista, a la vez que muestra, en general, un carácter intenso y apasionado, que le acerca, más que ninguna otra obra del autor (a excepción quizá de alguna de sus últimas sinfonías y obras vocales) a los lindes de un Romanticismo todavía por estallar.

Haciendo suyas estas premisas, Pau Casals paseó esta maravilla concertante por todo el mundo, dando lustre a su Goffriller para exteriorizar el carácter pre-romántico de la obra. Así lo vivimos en el Palau durante la actuación de Ettore Pagano. Todo fuerza, ilusión y pasión, el joven italiano elevó a lo máximo el perfil formidable de su parte instrumental, mostrando una envidiable coherencia sonora, tanto en los momentos más íntimos de solista, como en los diálogos con la orquesta. No hace falta decir que nos encontramos con una versión antagónica a aquellas que se basan en el rigor musicológico, pero, a mi modo de ver, dadas las mencionadas características de la obra, perfectamente aceptable, muy en la línea de como le gustaba interpretarla al maestro de El Vendrell.

Anteriormente al “plato fuerte” de la velada, tuvimos ocasión de escuchar el Cuarteto con piano Op. 47 de Schumann, que puso de relieve el buen hacer de cuatro de los miembros de la orquesta, quienes nos ofrecieron una lectura de la obra que fue de menos a más. Tras el breve párrafo introductorio, el Allegro inicial me pareció un tanto insípido, demasiado moderado, falto de energía, pero la cosa fue evolucionando positivamente a medida que avanzaba la partitura. El resultado de esta progresión lo hallamos, sobre todo, en los dos últimos movimientos, con una conmovedora lectura del Andante cantabile y un Finale que pareció afirmar la chispa que había titubeado en el inicio de la obra.

La segunda parte del concierto tuvo como protagonista la Sinfonía n.º 29 en la mayor de Mozart, un delicioso ejemplo de interacción entre el estilo vienés, innato en la personalidad mozartiana, y el italiano, que tan bien asimiló el joven genio durante sus viajes a la península italiana en los inicios de la década de 1770.

Esta obra es la que realmente puso de relieve la calidad y el estilo de la Orquestra del Festival Pau Casals, pues en Schumann no estuvo presente, mientras que en el concierto de Haydn todos permanecimos embrujados por Pagano y su labor con el Goffriller. Esta formación se podría considerar descendiente de los varios proyectos orquestales que puso en marcha el maestro, desde que en 1919 fundó la Orquesta Pau Casals, que se extinguió con el inicio de la Guerra Civil, y sus posteriores intentos durante los años cincuenta, en el Festival de Prades, y ya en los últimos años de su vida, en el Festival de Marlboro, donde trabajó junto a su amigo Rudolf Serkin. La constante casaliana fue crear un “templo de la música” (según sus propias palabras) donde se permitiera desarrollar a jóvenes talentos junto a intérpretes consolidados, y es éste su modelo actual de funcionamiento.

No se puede negar que la orquesta tocó con brillantez la sinfonía mozartiana, envolviéndola en un clima de jovialidad que conectó muy bien con el público, quien aplaudió a raudales la interpretación. A mi modo de ver, Antje Weithaas, la prestigiosa concertino y directora de la formación, intentó tomar un papel destacado, acentuando la presencia del primer violín, al modo más de una serenata o un divertimento que de una sinfonía. Hay que reconocer que es esta una de las sinfonías más animadas y galantes de Mozart, pero quizás estos calificativos fueron llevados a un extremo exagerado en esta versión de la obra que, vuelvo a repetir, en líneas generales, sonó brillante y entretenida.

Para finalizar quisiera regresar de nuevo a Ettore Pagano y al protagonismo del singular violonchelo. Tenía yo la idea de titular mi comentario “La experiencia de tocar el violonchelo de Pau Casals”, pero, tras darle unas vueltas, decidí cambiar el infinitivo de la frase, trasladando la experiencia del solista al público.

Después de su interpretación del Concierto en re mayor, Pagano ofreció como propina una Sarabanda de Bach, indicando al público que Casals había realizado su famosa grabación de las suites para cello con ese mismo instrumento. Comprendo perfectamente la conmoción que debió causar este mágico momento al joven intérprete, pero también quiero transmitir el sentimiento que causó en el público asistente, en el que yo me hallaba diluido.

Escuchar este fragmento de Bach, que tanta historia encierra en la biografía de Casals, sonando en el mismo artefacto de madera que lo inmortalizó hace noventa años, produjo una indescriptible emoción a todos los que llenábamos el Palau de la Música. No pudimos evitar dejarnos llevar por un paseo imaginario a través de la música, que nos acercó no sólo a las suites de Bach o a los conciertos de Haydn, sino a tantos otros momentos históricos, como los encuentros musicales del Festival de Prades o el Concierto en la Casa Blanca de 1961. 

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