Ópera y Teatro musical

Savonlinna, entre verde y noches blancas en el país de la música

Agustín Blanco Bazán
«Nabucco» en Savolinna «Nabucco» en Savolinna © 2026 by Toni Härkänen / Savolinna Opera Festival
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¿Qué mejor lugar que una fortaleza medieval en medio de lagos y bosques mitológicos para homenajear operísticamente una Finlandia por siglos tan vapuleada entre Rusia y Suecia?

San Olav (Olavinlinna) por ejemplo, donde en 1912, la soprano finesa Aino Ackté satisfizo su fervor nacionalista organizando la representación de cuatro óperas autóctonas. Para ella prefirió reservarse el Faust de Gounod después de triunfar en el rol de Marguerite en Paris y Nueva York. Dificultades económicas y guerras sin cuartel aniquilaron esta empresa artística que sólo volvió a reflotarse en 1967, en medio de cicatrices del pasado y hoy con un presente incierto: una foto en la catedral luterana de la pequeña ciudad alrededor del castillo muestra a los feligreses rezando en las ruinas del templo bombardeado durante la guerra fino-soviética de 1940. 

Y la frontera actual, con una Rusia a sesenta kilómetros de distancia, está hoy cerrada, impidiendo con ello la afluencia de espectadores de San Petersburgo que configuraban el cinco por ciento del aforo. Del resto, el 80 por ciento es de Finlandia y el quince restante mayoritariamente de Estonia y Escandinavia. La audiencia extra nórdica es curiosamente reducida si se tiene en cuenta la fama de esta empresa ganadora del premio al mejor festival de 2024 otorgado por International Opera Awards.

Cambiar el amarillo seco de este verano inclemente por el fresquísimo verdor de bosques entre lagos en Savonlinna fue este año un alivio existencial para los que llegamos del sur. Y también lo fue explorar los bastiones de una fortaleza donde nunca llega a anochecer en los intervalos en medio de vuelos rasantes de aves puestas a defender sus nidos. Un cartel pide expresamente que no nos entrometamos con ellas. El 82 por ciento de este festival sesubvenciona con la venta de localidades a un público que sabe el valor de lo que está pagando.

Nabucco

El Nabucco que valió al Festival el International Opera Award fue repuesto este año en el enorme patio de acústica casi perfecta que aloja las tribunas de espectadores frente a una escena solo equiparable a la de la Felsenreitschule de Salzburgo en su teatral efectividad, simplemente un gigantesco muro de piedra con dos enormes escaleras a los costados, en este caso ideales para la constante confrontación entre asirios y hebreos. 

En esta producción escenificada por Rodula Gaitanou, Babilonia está esbozada con un decorado minimalista consistente en dos instalaciones asirias contorneadas por una finísima luz de neón. En 'Va pensiero' ambas giran sobre sí mismas para mostrar su dorso como una enorme arboleda, símbolo de una esperanza también representada en un árbol a la derecha que se ilumina progresivamente con los acordes de flauta a través de los cuales Yaveh devuelve la razón al protagonista. En medio un movimiento de personas más bien tradicional resaltaron algunos detalles críticos como la decrepitud decadente de los asirios que se esfuerzan por vivar a Abigaille irguiéndose sobre sus muletas. También hubo palpitantes toques de regie, como por ejemplo el de Fenena esperando su muerte con la cabeza apoyada en el pilar donde cree va a ser decapitada mientras canta su cavatina paternalmente consolada por Zaccaria.

Las esperanzas de encontrar en Finlandia a algún heredero de los famosos Martti (Talvela y Salminen) fueron satisfechas por el timbre cálido y robusto del Zaccaria de Timo Riihonen, y Marigona Qerkezi cantó una Abigaille de segura y brillante extensión de registro y perceptivo detalle de fraseo. A ello añadió una histriónica mezcla sorna e inseguridad emocional frente al Nabucco de Brian Major, algo frágil en el registro medio pero finalmente seguro en la bravura de su stretta final (“Cadran, cadranno i perfidi”). Iván Lopez Reynoso, un pluri-artista exhibido en su sitio web como “director de orquesta, pianista, violinista y contratenor” fue una buena batuta para los excelentes orquesta y coros del Festival y se lució particularmente nada menos que con la pieza más conocida de la historia de la ópera: su 'Va pensiero' salió sin grandilocuencias y desarrollado con una sobria y reservada tendencia a ralentizar, y un sensible control de dinámicas.

La orquesta del Festival, formada por integrantes elegidos entre veinte orquestas profesionales finlandesas, estuvo espléndida en su precisión de ataque y variedad cromática. Y lo mismo va para el coro, de solistas también escogidos entre las mejores agrupaciones nacionales. No hay que olvidar que los fineses hablan poco porque cantan mucho, ya desde niños, en coros establecidos a partir de la edad de seis en adelante. Y también participan de hobbies organizados y accesibles desde la adolescencia para encauzar sus vocaciones musicales. 

Ville Matvejeff, el compositor, pianista y director de orquesta a cargo del Festival me comentó que él, como muchos otros en Finlandia, comenzó a componer de adolescente y un poco como jugando. Después se perfeccionó en la Academia Musical Sibelius, pero como complemento de una alfabetización musical inculcada desde niño en éste, el más genuino “país de la música” de la actualidad: solo a través de una ética de estudio y trabajo al servicio de la ópera es posible lograr el glorioso colectivo con que coros y orquesta brillaron en los grandes concertantes de Nabucco.

Lisette Oropesa como 'Norma' en el Festival de Savolinna. © 2026 by Jussi Silvennoinen / Savolinna Opera Festival.Lisette Oropesa como 'Norma' en el Festival de Savolinna. © 2026 by Jussi Silvennoinen / Savolinna Opera Festival.


Visita de la Ópera de Göteburg con Lisette Oropesa: Norma

La política de invitar todos los años una compañía de ópera extranjera no pretende ser solo un aporte cultural transfronterizo, sino que también responde a una necesidad práctica: después de tres semanas de festival, los orquestas y coros fineses que en él participan comienzan a preparar su temporada de otoño e invierno. Entre los invitados de años anteriores figuran el Mariinsky, el Covent Garden, la Ópera Nacional de Gales, y hasta el Municipal de Chile con Fulgor y Muerte de Joaquín Murieta, una obra de Sergio Ortega con libreto de Pablo Neruda.

Este año le tocó a la Ópera de Göteburg viajar con su orquesta y sus coros para una versión de concierto de Norma, con Lisette Oropesa debutando en el rol que cantará en el Real de Madrid en abril del año próximo. Algunos preferirán mayor calidez y densidad de timbre pero lo cierto es que, también en esta oportunidad, Oropesa compensó cualquier reparo con un fraseo de superlativa convicción dramática y un fiato incomparable en su expansión hacia agudos luminosamente proyectados en 'Casta Diva'. En su dúo final con el asertivo Pollione de John Osborne, Oropesa prefirió ser mostrarse más doliente que vengativa y, algo inusual para una soprano de coloratura negoció esos temibles trémolos de “Adalgisa fia punita” con buen apoyo y clarísima articulación. 

Completó el triángulo pasional más catastrófico en la historia de la ópera la Adalgisa de Ann-Kristin Jones, una mezzo de voz caudalosa y brillante traída de Göteborg con el Oroveso de Kristoffer Tôyra, un bajo barítono formidable por la proyección de una voz clara y proyectada con fuerza de clarín.

Riccardo Frizza lo apuró todo con tiempos urgentes y dinámicas extremas, pero los solistas, coros y orquesta respondieron a este desafío interpretativo sin titubeos y con virtuosa convicción.

Henning von Schulman y Lucrezia Drei en 'Las bodas de Fígaro' en el Festival de Savolinna 2026. Andrea Sanguinetti, dirección musical. Johannes Erath, dirección escénica. © 2026 by Toni Härkänen / Savolinna Opera Festival.Henning von Schulman y Lucrezia Drei en 'Las bodas de Fígaro' en el Festival de Savolinna 2026. Andrea Sanguinetti, dirección musical. Johannes Erath, dirección escénica. © 2026 by Toni Härkänen / Savolinna Opera Festival.


Para redondear: Bodas de Fígaro Traviata

Aparte de Nabucco, el Festival repuso unas Bodas de Fígaro bajo la dirección musical de Andrea Sanguinetti en la cual se destacaron Sonja Herranen (Condesa) Lucrezia Drei (Susanna) y Henning von Schulman (Figaro). Y la Ópera de Göteburg completó su ofrenda a Savonlinna con una Traviata donde Venera Gimadieva sobresalió como Violetta frente a los más inseguros Alfredo de Adam Frandsen y Yngve Søberg como Giorgio Germont. 

Las regies en ambas fueron poco convincentes: la ópera de Mozart fue presentada en una reposición de la ya vetusta producción de Johannes Erath prestada por la Semperoper ya en 2015. En ella los personajes comienzan vistiendo y actuando a lo commedia dell'arte para terminar en un cuarto acto de contemporaneidad mal concebida de hamacas playeras y recitativos declamados con desparpajo de teatro de garaje. Como aún este tipo de puestas pueden tener momentos divertidos, aquí elijo el 'Dove Sono' cantado por la Condesa mientras un Cherubino en traje de luces de Torero se le refriega por atrás. ¿Es este roce la esperanza de mejores tiempos que espera una condesa frustrada que instantes antes le ha arrancado el periódico a un Conde que no le da ni cinco?

Tampoco la regisseur Silvia Paoli convenció con una Traviata de simplista crítica social con esa ya repetidísima idea de presentar la víctima de una sociedad payasa y cruel; cruel hasta el punto de que el Dr. Grenvil se folla a Annina mientras la pobre Violeta cantaba sus penas en el cuarto acto. La inclusión de dos personajes mudos representando a la madre y la hermana de Alfredo tampoco fue efectiva por culpa de una regie de personas esquemática y acartonada. Y ya a Peter Konwitschny se le había ocurrido mostrarnos a la hermanita de Alfredo. Solo que Konwitschny desarrollaba una genial de regie de personas, haciendo que la nena terminara poniéndose de parte de Violeta, en lugar de transitar como una boba, como ocurrió en la puesta de Paoli.

Pero así las cosas, porque siempre hay de todo en estos festivales. Lo que importa es que el de Savonlinna es único en su paisaje estival remoto y ensoñador. Y también en una solidez artística comparable a la inamovible fortaleza desde donde Finlandia sigue enviando su desafiante mensaje de teatro y música a un mundo cada vez más desquiciado.

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