Para la inauguración del 75 Festival Internacional de Santander (FIS) se han programado dos representaciones de la mozartiana Flauta mágica en la producción que en enero de este mismo año se estrenó en Salzburgo, concebida y dirigida escénicamente por Rolando Villazón.
Villazón ubica su producción en la habitación donde Mozart expiró, cuyo único mobiliario consiste en una cama, un reloj de pie, una estantería, un armario y un piano. Es su última noche, y atormentado por alucinaciones y a veces aliviado, Mozart cree estar asistiendo a una representación de La flauta mágica. La idea, como explica el propio director escénico en el programa de mano, combina dos relatos históricos: el primero de Stendhal aparecido en el Allgemeine Zeitung de 1798 (probablemente aportado por Constanze, la esposa de Mozart), que narra cómo Mozart convaleciente seguía las actuaciones en casa mirando el reloj e imaginando lo que estaría ocurriendo en el escenario del Theater auf der Wieden; el otro procede de una carta de 1840 del compositor Ignaz von Seyfried al director del teatro Georg Friedrich Treitschke, contando cómo Mozart la noche del 4 de diciembre de 1791, escuchó a su cuñada cantar el aria de la Reina de la Noche en el teatro. Mozart moriría el día siguiente.
De esta manera, el reloj desempeña en esta producción un papel particular delimitando ciertos momentos, desplazándose por el escenario además de ofreciendo un lugar para esconderse; a ese respecto, los diseños escenográficos de Harald Thor se mostraron ingeniosos en su uso y reutilización.
A lo largo de la representación Mozart interactúa con los personajes, juega e instruye a su hijo, y con Constanze, quien en una escena se enfurece con la misoginia de los sacerdotes, golpeándolos a ellos y a su esposo. Las referencias a otros personajes me parecieron más oscuras: si no lees las notas de Villazón difícilmente se puede averiguar que las Tres Damas fuesen tres artistas femeninas: una poeta, una escultora y una pintora, o que Monostatos (aquí llamado Manostatos, grafía que Mozart utiliza en su manuscrito autógrafo) represente a los que mercantilizan, comercializan y explotan el arte.
Se apuntan muchas ideas que quedan en embrión, sin desarrollo dramatúrgico, aunque hay otras que alteran la propia obra, como sucede en uno de los momentos más íntimos, el dúo de Papageno y Pamina “Bei Männern, welche Liebe fühlen” (Con hombres que sienten amor), que además de citar “hombre y mujer, mujer y hombre”, incorpora “hombre y hombre y mujer y mujer”. O el momento más chocante, en el final, justo con la muerte de Mozart, cuando se interpreta el Lacrimosa completo del Requiem antes del coro conclusivo, mientras el cadáver del compositor asciende en el escenario para momentos después arrancarse la mortaja y realizar piruetas aéreas vestido con una librea roja.
Otros aspectos, además del colorido vestuario de Tanja Hofmann, incorporan hitos iconográficos, como el cielo estrellado de Karl Friedrich Schinkel en el vestido volador de la reina de la Noche, o las notas musicales que brillan por toda la habitación, o el vestido con partituras que evoca el de Laurent Pelly en su Platée de Rameau.
Además de la familia Mozart, el escenario rebosó de figuras: la serpiente que persigue a Tamino en la escena inicial estaba hecha de papel maché y era llevada por varias personas, al igual que los animales salvajes que aparecen cuando Tamino toca la flauta en la decimoquinta escena del primer acto. Personajes y vestuarios acapararon la atención, en particular Papageno vestido con chaleco y chaqueta verdes con plumas en espalda y hombros, y pantalón y zapatos rojos, mostrándose revoltosamente activo, saltando y derrochando energía. Pamina, con un sencillo vestido azul, construyó una joven decidida que tomaba las riendas de su destino sin mostrar ningún temor hacia Sarastro, enfrentándose a Monostatos y ofreciendo fortaleza a los demás.
Sin embargo, la solución para representar las pruebas del fuego y del agua fueron irrelevantes y decepcionantes: el encendido de una vela y la quema de una partitura para la primera prueba, y la inmersión de otra página pautada en una palangana con agua para la segunda. Y el templo de la sabiduría quedó reducido a una estantería giratoria que se transforma en el portal de acceso a los más profundos secretos del mundo; no hay pirámides ni parafernalia egipcia ni masónica, dejando para el final la imagen pícara de Amadé guiñándonos un ojo, que se proyecta a telón bajado.
Todo este enfoque de Villazón funcionó muy bien al ser servido por un elenco de cantantes cuyo tipo de personaje y voz se complementaron a la perfección. Theodore Platt como Papageno cantó con verdadero entusiasmo con una expresiva voz de barítono que transmitió la calidez y humanidad de su personaje. Kathryn Lewek fue una Reina de la Noche que no solo dominó sin esfuerzo las notas altas, sino que también posee una voz rica en el registro medio y pudo evocar suaves pianissimos. Javier Camarena interpretó a Tamino como un príncipe radiante, luminosa voz de tenor y ligereza de fraseo perfectamente ajustada a la imagen idealizada de un príncipe. Emily Pogorelc cautivó al público en el papel de Pamina, con una voz de soprano lírica segura y radiante, capturando las intensas fluctuaciones emocionales del personaje, y estuvo especialmente encantadora en su aria del segundo acto Ach ich fühl’s. El bajo Franz-Joseph Selig, en el papel de Sarastro, enfatizó la bondad, compasión y sabiduría de su personaje: un maestro tanto en el canto como en el discurso. El tenor Daniel Domínguez interpretó a un Monostatos adecuadamente malvado, y su actuación subrayó que este personaje se ve obligado a vivir en un entorno donde es claramente un marginado. Por último, Sofía Esparza fue una encantadora Papagena, cuya deliciosa voz de soprano le permitió coquetear y seducir a Papageno.
Sobresaliente también para los papeles secundarios que fueron asignados de la siguiente manera: Mercedes Arcuri (Primera Dama), Sofía Gutiérrez-Tobar (Segunda Dama), Marina Pardo (Tercera Dama), Valeriano Lanchas (Orador y primer sacerdote), Javier Alonso (segundo sacerdote y primer hombre armado), y Esteban Jesús Serrano (tercer sacerdote y segundo hombre armado).
David Afkham dirigió la joven Orquesta Sinfónica Freixenet del Encuentro de Música y Academia de Santander con brío, energía e interpretaciones matizadas de los momentos más delicados de la ópera. En general optó por estructuras claras, ritmo vibrante y tempi ágiles. El tamaño moderado de la orquesta propició que el sonido de cada instrumento, en particular el de los instrumentos de viento-madera, se escuchara con claridad. Aplauso aparte merece la prestación tanto escénica como vocal de la Academia Vocal de Cantabria, bien preparada por Marco Antonio García de Paz, que se desempeñó impecablemente.
El público, que colmó la sala Argenta, reaccionó con entusiasmo al final de una función que duró casi cuatro horas. Se escucharon grandes ovaciones para todos los participantes, culminando con la repetición del final acompañado de aplausos bajo una lluvia de globos blancos. Solo faltó un bombón vienés para cada asistente.
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