Yehudi Menuhin: Haffner Serenade
Continuando la línea iniciada en comentarios anteriores, comenzaremos este artículo haciendo un repaso de las series medias de vinilos más significativas de los años setenta y ochenta.
Estaríamos hablando de cuatro colecciones correspondientes a los grandes sellos de la época, que se podrían dividir de forma muy simple en dos grupos de dos: las sistemáticas y organizadas y las no tan sistemáticas ni tan organizadas.
Estas últimas serían (del sello Decca) e (Philips), mientras que las otras dos serían (de Deutsche Grammophone) y Acorde (EMI), las cuales se preocuparon de editar catálogos completos, lanzar novedades en momentos puntuales con soporte publicitario y buscar revulsivos atractivos para el cliente, como el regalo de un disco de la colección por compras anteriores. Como recordará el lector, las series Privilege y Ace of Diamond ya fueron comentadas en sendos artículos anteriores.
Hoy nos toca dedicar unas líneas a la serie media la que apareció más tarde, siguiendo la estela triunfal que había marcado Privilege, sin duda, la más exitosa de aquella época.
Acorde, como su prima-hermana, también estableció unas etiquetas en las fundas interiores de sus discos; con cuatro de estas etiquetas se podía adquirir gratuitamente un título de la serie. No se puede negar que esta colección era de lo más apetitoso. Utilizaba el look habitual de La Voz de su Amo, el emblema de la sección de música clásica de EMI, que consistía en una banda de color rojo rodeando la carátula del disco, pero en el caso de la serie media cambiaba el color rojo de la banda por el verde. Las ilustraciones de las portadas solían estar constituidas por pinturas de todas las épocas, bien escogidas y siempre con algún lazo de unión con la obra musical grabada.
¡Y menudos títulos se podían encontrar en esta colección! No olvidemos que EMI ha tenido, muy posiblemente, el mejor fondo de música clásica de todos los tiempos, como pionera que fue del mercado discográfico. Su catálogo general estaba plagado de figuras legendarias y de grabaciones irrepetibles, por lo que, al volcar títulos más o menos antiguos en su nueva serie media, surgían a flote nombres como Otto (de quien se reeditó la integral de las sinfonías de Beethoven, y el de las suites para orquesta de Bach, así como un disco doble con fragmentos orquestales de la tetralogía wagneriana, entre otras maravillas), Sir John (los dos conciertos para piano de Brahms con Daniel , las dos primeras sinfonías de Sibelius o las marchas de pompa y circunstancia de Elgar), Sir Thomas , Rudolf … en fin, no acabaríamos en varios artículos de citar la mejor música sinfónica reeditada en la serie Acorde. Quizás la música de cámara e instrumental no estuvo tan bien tratada en esta serie, pero no faltaron solistas de renombre como , Barenboim, o . Precisamente los discos que he elegido para el presente comentario se refieren a uno de estos grandes instrumentistas, aunque en una faceta profesional menos conocida como es la de director.
Siempre me ha fascinado la figura de Yehudi (1916-1999), y no solo por su calidad como virtuoso del violín, sino también por su perfil humano. Hombre inquieto y emprendedor, siempre preocupado por la labor social y por la necesidad de hacer llegar la música a todas partes y a todos los públicos, en especial a los más jóvenes.
Entre sus innumerables proyectos hay uno que se me antoja especialmente atractivo, y es que, justo después de la Segunda Guerra Mundial, en su afán por diluir el horror de la guerra en la paz y esperanza que otorga la música, nuestro hombre fundó una orquesta con la idea de mantenerla en la especialidad de interpretar música del siglo XVIII.
En una época en la que aún no había rastro de las formaciones historicistas, aquellas que se lanzaron a la conquista de los instrumentos originales, que comenzaron su andadura un par de décadas más tarde, este proyecto se presentó como ciertamente original y atractivo. Como sede principal de la orquesta, Menuhin escogió la pequeña ciudad termal de Bath, situada en el sureste de Inglaterra, a unos 20 kilómetros de Bristol. De este modo nació la que se denominaría Orquesta del Festival de Bath, coincidiendo la andadura de esta formación con el inicio de un festival de música en esta ciudad, en el que la orquesta se erigía como eje central.
Aunque al cabo de poco tiempo la dejó en manos de un director más experimentado que él (el gran maestro Sir Thomas Beecham), Menuhin nunca se desmarcó de su orquesta, sino muy al contrario, realizó un buen número de giras y grabaciones, desarrollando al máximo lo que se podría denominar su “segundo oficio musical”, después, claro está, del de violinista.
Menuhin se fue consagrando en Bath como director de orquesta, centrándose, sobre todo, en los grandes autores del siglo XVIII, con especial atención en Bach, Haendel, Haydn y Mozart. La serie Acorde reeditó varios títulos de esta especial colaboración Bath-Menuhin, como los Conciertos de Brandenburgo de Bach, o los conciertos para violín de Mozart (incluyendo el raro y dudoso nº6), donde nuestro intérprete dirige la formación desde el atril del violín solista.
Desde luego, es fantástico todo lo que grabó Menuhin con la Orquesta del Festival de Bath, pero debo confesar que, personalmente, siento especial atracción por dos discos que se reeditaron en la serie Acorde y que muestran el aspecto más poderoso de Lord Yehudi como director de orquesta: La Música Acuática de Haendel y la Serenata Haffner de Mozart.*
He aquí dos obras largas, complicadas, repletas de luz y energía, donde el director debe centrarse en cuerpo y alma en ese instrumento que no tiene ninguna sonoridad en sí mismo pero que resulta indispensable para que suene la orquesta entera, y que conocemos por el nombre de batuta. Así sucede en el disco haendeliano, mientras que en la serenata mozartiana nuestro hombre, batuta en mano, fue capaz de atribuirse también la parte solista, que consiste en un pequeño concierto para violín “camuflado” en el interior de la serenata, y que abarca los tres movimientos finales de la primera parte de la obra: Andante, Menueto y Rondó. El violín de Menuhin suena, claro está, como los ángeles, esbelto, refinado, siempre musical y expresivo, y la dirección también se puede considerar de primer orden, otorgando a la obra su particular acento vienés, la elegancia suprema de los movimientos lentos contrastada con la vivacidad (y, en ocasiones, rusticidad) de los allegros y minuettos.
En cuanto a la Música Acuática, sencillamente considero que esa batuta, elegante y precisa, de Menuhin, liberada de la competencia a la que podía someterle el arco del violín, hace de ésta una de las mejores versiones de esta obra mayor de Haendel que, aunque concebida originalmente como música de entretenimiento nobiliario, acabó convirtiéndose en una de las obras orquestales más destacadas y brillantes de su autor. He aquí un claro paralelismo con la mencionada Serenata Haffner de Mozart.
La versión de Menuhin y la Orquesta del Festival de Bath tiene como gracia principal su carácter británico. Quizás no posea el puro sonido barroco de una formación con instrumentos de época, ni el poderío sonoro de una orquesta sinfónica, como solía interpretarse antaño esta obra, pero el espíritu aristocrático y puramente inglés, se supera a sí mismo. Me atrevería a decir que su “britanismo” es casi visual, cinematográfico. De todas las versiones que he escuchado de esta obra, ésta es la que proyecta ante mis ojos, a la par que mis oídos disfrutan del sonido, la imagen de las grandes barcazas reales y la figura del monarca Jorge I, para quien fue compuesta la música. ¡Qué fácil es, al escuchar esta versión de la Música Acuática, imaginar el panorama histórico que la acompaña! El Támesis salta a la vista y el colorido y grandilocuencia las ceremonias reales en sus aguas parecen invadir nuestro espíritu, sin abandonar nunca el temple y la moderación tan típicamente británicos. Y quizás ese gusto por las portadas bien elegidas que antes hemos mencionado como estandarte de la serie Acorde, pueda haber contribuido en la sensación que causa el disco, pues la carátula del mismo reproduce el Bucentaurus de , con su gran barcaza llenando el centro de la imagen.
Bravo, pues, por estos dos discos, que nos acercan la mejor imagen de un Menuhin director que sabe lo que quiere, y que es capaz de acompañar al oyente desde los paisajes y palacios vieneses hasta el corazón imperial londinense, y para ello se vale del sonido genuino de una orquesta que fue una de las primeras en mostrarse especializada en la interpretación de la música más significativa del Barroco y el Clasicismo.
conteniendo las grabaciones de Menuhin con obras de Haendel.
Haendel: Música Acuática. Mozart: Serenata Haffner. Orquesta del Festival de Bath. Lord Yehudi Menuhin (director). Grabaciones de 1964 y 1965 de EMI, reeditadas en lp en la Serie Acorde en 1982. Ambas fueron reeditadas en cd en distintas series medias como “Meisterwerke”. “Música Acuática” se incluyó en una caja de 8 cds
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