De nuevo casi con la lengua fuera y un tiempo de perros, el público llena la iglesia que tiene como espacio físico hoy el concierto. Curiosa es ver esta iglesia desde la base, sujetada por unos colosales contrafuertes casi en el borde del barranco que asoma a la hoz del Río Júcar; y al revés, el altar incrustado en la roca, mirando hacia Jerusalén: las leyes de la gravedad no se tenían demasiado en cuenta antaño, y esto si que es jugar con la suerte del tiempo.La sala ofrece unas maravillosas vistas de la ciudad desde el portón de entrada, justo dentro del recinto al aire libre que recibe al visitante. Por dentro, sin embargo, la incomodidad visual es la nota predominante. Y esto es debido a las pequeñas dimensiones de la iglesia y por tener una sola nave en donde si has tenido suerte y la butaca es la indicada puedes más o menos ver a…
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