Aunque pueda parecer atractivo, posiblemente el título del presente comentario no corresponda a la realidad. Porque para regresar a algo, es necesario haber abandonado previamente ese algo. Y, si situamos los orígenes de Jordi Savall en aquello que de forma muy genérica conocemos como “música antigua”, que abarca desde la Edad Media hasta prácticamente el inicio del Barroco, parece claro que el maestro catalán y su grupo Hespèrion XXI nunca han llegado a abandonar este universo musical, ni a dejarlo de lado, y buen ejemplo de ello lo tenemos, sin ir más lejos, en el propio festival de este año, donde encontramos al maestro y/o a alguno de sus conjuntos en varios acercamientos a la música antigua, renacentista y barroca, incluyendo el concierto que nos atañe.
Lo que pasa es que, en los últimos años, hemos visto a Savall muy comprometido con proyectos diferentes, centrados en autores y obras de los siglos XVIII y XIX (en el concierto de clausura del presente festival, Savall dirigirá Le Concert des Nations en un programa dedicado a la música sinfónica de Mendelssohn), y esto nos ha hecho modificar el concepto musical que de él teníamos.
En todo caso, Savall es un artista polifacético, capaz de compaginar su viola de gamba y sus pequeños conjuntos vocales e instrumentales, con su más reciente batuta de director, al frente de formaciones más numerosas y con un repertorio más moderno.
Lo que queda claro es que, cuando Savall ofrece conciertos dedicados a épocas musicales bien conocidas por él desde sus inicios profesionales, da la sensación de un regreso o un reencuentro. Y la verdad es que los aficionados agradecemos efusivamente estos felices reencuentros, tal como ha sucedido en el concierto de este 15 de agosto, celebrado en la amplia plaza exterior del monasterio, en un cambio de escenario de última hora debido a que el aforo de la iglesia había puesto la etiqueta de “completo” varios días antes del acontecimiento.
Está claro que los aficionados esperábamos ansiosos “recuperar” el Savall de antaño, acariciando su viola de gamba, junto con su Hespèrion XXI, todos profundos admiradores de la música del Siglo de Oro inglés y expertos en ella. Además, puedo asegurar que los que abarrotábamos la Plaça de San Bernat agradecimos este cambio de escenario, pues ganamos en sonoridad y en comodidad, disfrutando a la par que de la música y de los juegos de iluminación que bañaban el escenario, del fresco agradable de una noche de agosto.
Suele ser habitual denominar como “música Isabelina” el tipo de obras que se realizaron en la segunda mitad del siglo XVI y los primeros años del XVII, encajando generalmente entre 1533 y 1603, años de nacimiento y muerte de la reina Isabel I, la hija de Enrique VIII y Ana Bolena que se constituyó en garante del arte y la cultura en este Siglo de Oro que trajo al mundo personajes de la talla de Shakespeare y Bacon. Muchos compositores hubo y muy buena música se escuchó en los palacios, siendo la denominada Consort Music, con un conjunto de violas de gamba como eje principal, una de las más apreciadas.
Parsons. Woodkock, Holborne, Tye, Gibbons, fueron algunos de los maestros musicales más significativos de ese periodo, quizás a la sombra de los dos más grandes, William Byrd y John Dowland. Precisamente los cinco mencionados en último lugar formaron parte del programa del concierto, junto a otros dos, de origen italiano, tal como delatan los apellidos Alberti y Ferrabosco. También tuvieron presencia algunas obras anónimas, que no pueden faltar en el repertorio de una época como esta.
Siguiendo la tradición de los conciertos que se celebraban en la época, el programa incluyó una selección de obras vocales e instrumentales interpretadas en alternancia. Una de las constantes fue la presencia de las piezas denominadas In Nomine, basadas en el Benedictus de la Misa Gloria tibi Trinitas de John Taverner, que se constituyen en un magnífico ejemplo de adaptación de la música vocal al conjunto de violas, y que tuvo sus ejemplos en la velada, en Tye, Byrd y Gibbons.
En cuanto a las piezas vocales, a destacar la delicada Virginella, de William Byrd, así como, del mismo autor, la Elegía que éste dedicó a su admirado maestro Thomas Tallis, que traspasa el alma del oyente por su sincera emotividad. También nos emocionó la canción Now, O now, I needs must part, bellísima, refinada y melancólica, como casi todas las piezas vocales de John Dowland.
No faltaron las danzas instrumentales, una pavana de Alberti, así como varias gallardas del mismo autor, Holborne y Dowland. Incluso pudimos escuchar un himno de Ferrabosco, que originalmente el autor había concebido en forma de pavana instrumental. En cuanto a las piezas vocales anónimas, algunas de ellas seguían el estilo introspectivo y nostálgico tan de moda en la Inglaterra isabelina, mientras que otras, de marcado carácter festivo, impusieron un contraste acertado. Ahí están el villancico anónimo Born is the Babe y la divertida Joan, quoth John de Richard Nicholson.
Poco que decir de la interpretación del grupo de violas de Hespèrion XXI. Pasan los años y cambian las caras, se rejuvenece el conjunto, pero la calidad se mantiene intacta, siempre protegida por un Jordi Savall para quien, de verdad lo digo, no pasan los años. Hemos acudido a muchos conciertos y hemos escuchado sus grabaciones interpretando esta Consort Music tan querida por él, y le vemos (y escuchamos) igual que siempre, con su energía, con su firmeza, con su modestia habituales. En esta ocasión empuñando su viola de gamba soprano, en compañía de un pequeño conjunto con violas de gamba tenor y bajas y un laúd o guitarra.
Y, desde luego, no podemos finalizar nuestra reseña sin mencionar a los dos solistas vocales que nos han acompañado en esta ocasión. La soprano Elionor Martínez, colaboradora habitual de los conjuntos de Jordi Savall, y el contratenor William Shelton, uno de los primeros miembros de la Academia Philippe Jarousky y gran especialista en la música de Bach, se mostraron intachables, no sólo técnicamente sino también en cuanto a sensibilidad y sentido teatral, en la interpretación de las piezas vocales que pudimos disfrutar en esta agradable noche estival.
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