España - Cantabria

Capezzuto y Bianchetti conjuran el gafe

José Amador Morales
Johann Sebastian Bach
Johann Sebastian Bach © Retrato de Elias Gottlob Haussmann (1746)
Noja, miércoles, 19 de agosto de 2026.
Jardines del Marqués de Albaicín. Around Bach. Música sacra y profana de los grandes compositores del barroco. Obras de Johann Sebastian Bach y Antonio Vivaldi. Vincenzo Capezzuto (voz). Giancarlo Bianchetti (guitarra). LXXV Festival Internacional de Santander.
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La programación de Marcos Históricos del septuagésimo quinto Festival Internacional de Música de Santander pretende demostrar el acierto de combinar patrimonio y música en escenarios de singular belleza. No obstante, la carpa de los jardines del Palacio del Marqués de Albaicín de Noja no parecía ofrecer un marco acústico especialmente propicio para la propuesta de Vincenzo Capezzuto y Giancarlo Bianchetti, inicialmente prevista en la iglesia de esta localidad.

Para colmo, una desafortunada concatenación de circunstancias negativas estuvo al límite de llevarse por delante esta cita: desde el conjunto de tormentas que se fueron concentrando en la costa cántabra a lo largo de la tarde y que tuvieron la amabilidad (¡!) de confluir en Noja precisamente al inicio del concierto, pasando por problemas técnicos relacionados con la amplificación que obligaron a retrasar el comienzo una media hora, hasta la pérdida de la maleta del guitarrista por parte de la compañía aérea, que provocó que apareciese ante el público ataviado con camisa, bermudas y sandalias informales. En todo caso, nada que no pudiese diluir ni el buen ánimo y la gran dosis de simpatía y humor desplegados por los propios intérpretes desde el primer momento, ni su profesionalidad y valía artística demostradas a lo largo de la velada.

El programa, titulado Around Bach, centrado en célebres piezas de Johann Sebastian Bach y Antonio Vivaldi, se inició con el ostinato del chaparrón de agua golpeando el toldo de la carpa, a duras penas compensado por la, por otra parte, atinada amplificación.

Lejos de plantear un recital convencional de arias barrocas, ambos artistas construyeron un discurso continuo en donde las apariciones de la bachiana Aria sulla quarta corda actuaban como auténticos nexos estructurales. En este sentido, las sucesivas improvisaciones de Bianchetti a la guitarra, estableciendo un diálogo entre la escritura bachiana y un lenguaje de gran libertad expresiva, sirvieron de puente entre las distintas secciones del programa. Su sonido, cálido y un punto sobrio, especialmente convincente en la Sarabanda procedente de la Suite para laúd, así como la intensidad del fraseo y el refinamiento de las dinámicas evidenciaron una profunda comprensión del estilo.

Por su parte, Vincenzo Capezzuto, anteriormente bailarín profesional, volvió a poner de manifiesto una personalidad artística ecléctica y un tanto inclasificable. Su materia prima, de timbre ligero y gran flexibilidad, un tanto apretada en el registro grave, es cincelada con una extraordinaria musicalidad y sentido del legato, particularmente afín a un repertorio que exige tanto delicadeza como capacidad para modelar el texto. Fueron estas virtudes las que permitieron a ambos artistas crear desde el primer compás un clima de particular comunión con la “sala”, llegando incluso a exorcizar las inclemencias del tiempo hasta el punto de que, al cabo de una media hora, dejó de llover.

Las páginas de Bach -desde el aria de la cantata BWV 51 hasta el sobrecogedor Agnus Dei de la Misa en si menor, pasando por Schafe können sicher weiden o el aria de la cantata BWV 76- convivieron con algunas de las más bellas inspiraciones operísticas de Vivaldi, entre ellas Sovente il sole, Vedrò con mio diletto y Sento in seno. Más allá del contraste entre lo sacro y lo profano, el programa reveló las múltiples afinidades expresivas entre ambos compositores, siempre desde una perspectiva de gran intimidad casi camerística.

Los bises profundizaron esa complicidad con la audiencia, con El árbol del olvido, de Alberto Ginastera, y Hallelujah, de Leonard Cohen, esta última con la participación de un público al que el propio Capezzuto animó a sumarse al estribillo.

Indudablemente, la propuesta de Capezzuto y Bianchetti no es apta para puristas, como tampoco lo fueron en este caso las condiciones que rodearon el presente concierto. No obstante, los protagonistas evitaron cualquier exceso de virtuosismo para apostar por la contención, el detalle y la mutua interacción, permitiendo que la música fluyera casi de forma contemplativa, con una serenidad poco frecuente que logró finalmente conjurar las circunstancias adversas, sublimándolas a través de la musicalidad inherente a las obras. 

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