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Un sentido y cálido homenaje

Andreu Ripol
Goerne y Hinterhäuser en Vilabertrán
Goerne y Hinterhäuser en Vilabertrán © 2026 by David Borrat / Schubertiada de Vilabertrán
Vilabertrán, sábado, 29 de agosto de 2026.
Canónica de Santa María de Vilabertrán. Schubert: An Silvia D. 891; Das Rosenband D. 280; Furcht der Geliebten D. 285; Frühlingsglaube D. 686; Im Frühling D. 882; Auf dem See D. 543; Auf der Donau D. 553; An eine Quelle D. 530; Der Jüngling am Bach D. 638; Des Fischers Liebesglück D. 933; Fischerweise D. 881; Wie Ulfru fischt D. 525; Lied eines Schiffers an die Dioskuren D. 360; Der liebliche Stern D. 861; Drei Gesänge des Harfners ( Wer sich der Einsamkeit ergibt) D. 478; An die Türen will ich schleichen D. 479; Wer nie sein Brot mit Tränen ass D. 480); Nacht und Träume D. 827; y An die untergehende Sonne D. 457. Matthias Goerne, barítono. Markus Hinterhäuser, piano. 34º Schubertiada de Vilabertran
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Como ya se anunció en la presentación correspondiente, esta edición de la Schubertiada de Vilabertran está dedicada a la memoria de Jordi Roch, fundador del evento, quien nos dejó para siempre en diciembre de 2025. En 1992, este hombre menudo, vivaracho y generoso, que compaginaba su profesión médica con la de gestor musical, se enfrascó en la creación de un festival de música que parecía casi imposible tanto por su concepto como por su ubicación. En la iglesia de un pequeño y desconocido pueblo de la provincia de Girona, decidió iniciar una serie de conciertos donde la intimidad y la sencillez de los lieder schubertianos debían tomar el mando absoluto. Esto sucedió en 1992. Hoy, 33 años después, el festival continúa, perfectamente consolidado y gozando de excelente salud, alternando los recitales liederísticos con música instrumental y de cámara.

Es, por tanto, lógico y natural que se rinda homenaje al Doctor Roch en la presente edición de la Schubertiada, donde concierto a concierto, se nos recuerda la figura de este entrañable personaje en una nave adyacente a la principal, en forma de un gran cartel que reúne puntos significativos de su actividad musical.

Muchos artistas consolidados han dejado su huella a lo largo de estos años, y también los muros de la canónica han sido testigos del nacimiento, o del despegue definitivo, de jóvenes artistas, a los que, año tras año, se les abren las robustas puertas medievales de la iglesia para darles la oportunidad de entregar a un público experto e implicado su carta de presentación.

Uno de los artistas que más ha frecuentado estos centenarios muros eclesiásticos es Matthias Goerne, quien debutó de la mano de Jordi Roch en las primeras ediciones del festival, siendo entonces un joven talento apenas conocido que rondaba los 25 años de edad, cuyo mérito más significativo hasta ese momento se constituía en haber sido discípulo de Dietrich Fischer-Dieskau y Elizabeth Schwarzkopf. Tal como explica el propio Goerne en el programa de mano, su amistad y complicidad con el Doctor Roch fue total desde el principio, lo cual hizo posible que haya visitado el festival casi cada año, y desde hace mucho tiempo, ya no como talento emergente, sino como figura consolidada y considerada a nivel mundial como uno de los más grandes cantantes de lied del mundo.

Informa el programa de mano que esta es la cuadragésima participación de nuestro barítono. Aunque muchos de nosotros hayamos perdido la cuenta, desde luego, hay que creer esta cifra. No vamos a pasar lista de esas 40 actuaciones, simplemente me contentaré con citar el inolvidable año 2006, cuando el barítono, acompañado del pianista Eric Schneider, emprendió la heroica misión de interpretar los tres grandes ciclos schubertianos durante la primera semana. Jamás olvidaré la insuperable versión de Winterreise, en especial, el silencio absoluto, de casi un minuto de duración, que se hizo al finalizar la última canción del ciclo; un silencio abismal, religioso, que acabó expirando ante una desatada salva de aplausos y vítores.

El concierto que Matthias Goerne, acompañado de Markus Hinterhäuser (quien ha sustituido al inicialmente programado Alexander Schmalcz, por enfermedad de este último), nos ha ofrecido en la presente edición, constituye un sentido homenaje personal al mentor y amigo que fue Jordi Roch, y por ello, el barítono de Weimar ha realizado una cuidada selección de canciones schubertianas.

Veamos lo que él mismo indica en el comentario del programa de mano:

A partir de la larga relación que me unió con Jordi, he intentado elegir obras que él apreciaba especialmente y que al mismo tiempo reflejan alguna cosa de su talante.

He aquí, pues, una jugosa selección que abarca más de una década de creación schubertiana (entre 1815 y 1827), que fue presentada con particular criterio por nuestros artistas.

La antología musical comenzó con An Silvia, una modoso guiño shakesperiano, que combina exaltación y elegancia. Estas primeras canciones, con el amor como tema principal, fueron acercándose discretamente a uno de los motivos poéticos más queridos, que nunca faltó en el catálogo schubertiano, esto es, la primavera, la cual, a su vez, dejó paso a un mini-ciclo dedicado al encanto de la naturaleza y de sus aguas frescas y transparentes, donde pudimos escuchar evocaciones y descripciones de ríos, fuentes, arroyos y lagos. Aquí cabe destacar el poema de Schiller Der Jüngling am Bache que, con su difuminado anhelo, pareció coronar el talante melancólico reinante hasta entonces y marcar un punto de inflexión en el recital.

De las aguas y los ríos surgieron risueños pescadores que protagonizaron media docena más de canciones. Sin duda, la espléndida Des Fischers Liebesglück, fue la que nos dejó por completo hechizados, pero también hay que mencionar la curiosa Wie Ulfru fischt, que casi parece una traviesa venganza de las truchas por su compañera engañada en la famosa canción D. 550.

Y tras estos chapuzones refrescantes, un nuevo punto de inflexión, en este caso, tremendamente pronunciado. Goerne y Hinterhäuser propusieron un viaje al fondo del alma humana con las Tres Canciones del Arpista, poemas conmovedores que forman parte del Wilhelm Meister de Goethe, a los que Schubert envolvió en unas melodías tan o más conmovedoras que la propia poesía.

Y fue aquí donde la interpretación de Goerne alcanzó el punto álgido de la velada. El sentido poético del cantante, su percepción profunda de la psicología schubertiana, en fin, su capacidad de contagiar al oyente su propia sensibilidad, nos hizo contener la respiración a todo el público asistente, antes de que, como punto final, la agonía del arpista se transformara en un himno al sol poniente.

El mencionado arrebato en la interpretación de las Tres canciones D. 478, vino precedido de una actuación directa y eficaz del barítono alemán en las canciones anteriores. Comenzó un poco frío, hay que decirlo, pero a medida que se calentaban sus motores vocales, nuestro hombre fue desenmarañando su innegable destreza dramática y comunicativa para ir impregnando el ambiente de la iglesia de la tensión poética y musical schubertiana.

Es cierto que Goerne ha perdido algo de su potencia vocal (nadie se salva de ver como menguan lentamente sus facultades, aunque puedan parecer eternas, a medida que se encanecen sus cabellos) pero no importa. Su enorme experiencia y su capacidad de sorprender y cautivar al público siguen intactos, y más aún, si tiene como partenaire un pianista solvente con el cual se entiende a las mil maravillas.

Lo que me ha sorprendido es que esta sea (según se afirma en el programa de mano) la primera visita de Markus Hinterhäuser a la Schubertiada, teniendo en cuenta su veteranía en el mundo del lied, donde fue colaborador durante mucho tiempo de Brigitte Fassbaender. 

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