Rumanía

El gusto musical es un conflicto de intereses

Xoán M. Carreira
Jayden King
Jayden King © 2026 Stulberg International String Competition
Bucarest, viernes, 11 de septiembre de 2026.
Ateneo Rumano. George Enescu, Sonata para violín nº 2 en fa menor op 6 (1899) y Sonata para violín nº 3 en la menor op 25 “dans le caractère populaire roumain” (1926). W. A. Mozart, Concierto para violín nº 3 en sol mayor K. 216, Concierto para violín nº 4 en re mayor K 218, y Concierto para violín nº 5 en la mayor K 219. Violinistas: Jieon Park, Eun Che Kim, Francesco Papa, Jayden King, Mariam Abouzahra, e Iohan Coman. Concurso Internacional George Enescu 2026
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El 11 de agosto se celebraron las semifinales del Concurso Internacional Enescu en la sección de violín. De los cincuenta violinistas que iniciaron la parte presencial, doce pasaron a la segunda ronda del Concurso Internacional Enescu, sólo seis han participado en esta semifinal, y precisamente hoy -tras más de hora y media de hora de deliberación- se han dado a conocer los nombres de los tres finalistas: Eun Che Kim (Corea del Sur, 1997), Francesco Papa (Italia, 2006) y Jayden King (EEUU, 2014), que aún no ha cumplido los doce años. 

Para los que quieran historia, en la segunda ronda participaron Mariam Abouzahra (Alemania), Eun Che Kim (Corea del Sur), Iohan Coman (Rumanía), Seunghyun Kang (Corea del Sur), el jovencísimo Jayden King, Tiantian Lu (China), Masaki Morishita (Japón), Francesco Papa (Italia), Jieon Park (EEUU), Andrej Roszyk (Austria), y Yumiko Yumiba (Japón). 

En las semifinales estuvieron, en perfecta paridad de género, Mariam Abouzahra (Alemania, 2008), Eun Che Kim (Corea del Sur), Iohan Coman (Rumanía, 2001), Jayden King (EEUU, 2014), Francesco Papa (Italia), Jieon Park (EEUU, 2004). Casi la misma paridad que el jurado, compuesto por Mihaela Martin (Presidenta del Jurado), Ida Kavafian, Alissa Margulis, Vladimir Nemțanu, Nora Pötter, Bujor Prelipcean, Liviu Prunaru, Nemanja Radulović, y Kathleen Winkler. O sea, cuatro hombres y cinco mujeres. 

La semifinal se celebró el 11 de septiembre en horario de mañana y tarde constó de dos partes. Por la mañana los concursantes tocaron acompañados de piano una Sonata de George Enescu: la Sonata para violín nº 2 en fa menor op 6, o la Sonata para violín nº 3 en la menor op 25 “dans le caractère populaire roumain”. Por la tarde un Concierto para violín y orquesta de cámara de Mozart, en el que los concursantes han tenido no sólo que tocar como solistas, sino también dirigir a la orquesta. Los conciertos que podían seleccionar eran los nº 3 en sol mayor K. 216, nº 4 en re mayor K 218, y el nº 5 en la mayor K 219. 

Así lo veo yo

El Concurso Enescu tiene un bien ganado prestigio de gran exigencia y sirve de catapulta internacional a sus galardonados, entre los que se cuentan algunas de las grandes figuras del violín desde su fundación en 1958. El lema del concurso es "A la búsqueda de la excelencia" y es evidente que los seis semifinalistas podrían llegar a estar en esa élite. Ese lema implica que el jurado debe actuar como garante de la excelencia y también tomar decisiones sobre una agenda político-moral: decidir cómo deben ser los grandes virtuosos del futuro. Con frecuencia la utopía interpretativa de los jurados coincide con sus propias estrategias y objetivos performativos. Lógicamente los grandes artistas se alimentan de las grandes tradiciones interpretativas y su instinto de supervivencia les lleva a desconfiar de las aportaciones ajenas al canon de estas tradiciones. 

Los intereses de los espectadores responden a otros conflictos de intereses, entre los cuales la emoción es muy relevante. Como periodista no debo disentir de las decisiones inapelables de un jurado altamente cualificado. No poseo la competencia para hacerlo en el apartado técnico de las ejecuciones que ellos dominan y les permite percibir una miriada de pequeños detalles que a mí me pasan desapercibidos. 

Mi obligación como periodista es informar a mis lectores de la decisión del jurado, pero gozo del privilegio de explicar mi propia perspectiva sobre la experiencia de escuchar sus diversas interpretaciones de las mismas obras, que entra dentro de la subjetividad inherente a toda experiencia artística. 

Esta larga introducción se debe a que en este caso mis favoritos fueron precisamente los tres semifinalistas eliminados. Esto no sorprenderá a mis lectores que conocen mi opinión de que 1) una partitura no es música si no un simple guión, 2) las intenciones de los autores nos son totalmente desconocidas, como nos enseñó Rudyard Kipling, quien afirmaba saber perfectamente cómo contar una historia, pero ignoraba cómo esa narración iba a ser interpretada por sus lectores, 3) el pasado no existe: todo hecho o experiencia histórica es reinterpretado en el presente y desde las perspectivas del presente, 4) no existen verdades artísticas porque el objetivo del arte es generar emociones, y estas no están sometidas ni al imperio de la lógica ni de la realidad actual. 

Aclarado esto, haré una breve narración sobre lo que vi y escuché en estas semifinales. 

La prueba semifinal

Mi favorita era Mariam Abouzahra, una joven de sólo 18 años, con una gran personalidad, y una aún mayor calidad retórica. Captó el aura simbolista de la Sonata para violín nº 2 en fa menor op 6 (1899) de Enescu y en el Concierto nº 5 de Mozart nos dejó boquiabiertos desde la primera nota de la introducción, arrastrando tras de sí a la Orquesta de Cámara de la Radio que sonó mucho mejor con ella que cuando había acompañado anteriormente a Jieon Park, que tocó este mismo concierto. Quizás el jurado valoró negativamente su tendencia a 'tensar' la afinación de los agudos para darles mayor brillantez o los manierismos heterodoxos que usó en el tercer movimiento, sobre todo en el 'tema turco'. A mí me parecieron un punto a favor de Abouzahra. 

También me gustó mucho Jieon Park, una intérprete emocionalmente exquisita y con una percepción lúcida sobre la demarcación estilística de las obras que interpreta. Percibe correctamente que la Sonata para violín nº 3 en la menor op 25 “dans le caractère populaire roumain” (1926) de Enescu es una obra neoclásica en la que Enescu sustituye las convenciones melódicas y rítmicas germánicas por las de las músicas tradicionales y populares de Rumanía, su territorio geográfico y espiritual, lo cual era práctica habitual en la modernidad musical de la década de 1920, como testimonio la obra de Bartók, Martinu, Revueltas, Villalobos, o Vladigerov. Park dota a la Tercera sonata de Enescu de una intensidad emotiva que probablemente la acerque a las interpretaciones del propio Enescu. Su elástico fraseo del Concierto nº 5 de Mozart resulta muy próximo a la gran tradición vienesa de la música de danza, y acierta al concebir el Adagio como un aria para violín y orquesta. 

Me extrañó la eliminación del único semifinalista rumano, Iohan Coman, un buen conocedor de las tradiciones interpretativas de la Sonata nº 3 “dans le caractère populaire roumain” de Enescu, que reinterpreta de un modo ingenuista, un poco 'a la Satie', cosa que le permite su fascinante paleta sonora. Coman, al igual que había sucedido con Park, no olvida que se trata de una Sonata para violín y piano y trabaja a fondo la concertación consiguiendo una espléndida simbiosis de los dos instrumentos. Tras el espectacular Mozart de Abouzahra, la interpretación de Coman del Concierto nº 4 de Mozart resultó algo convencional pues centtró toda su atención en conseguir una ejecución impecable y una retórica fiel a las tradiciones interpretativas. 

Como volveré a escribir en un par de días sobre los tres finalistas, ahora me limitaré a comentar un poco de ellos. 

Jayden King es simplemente demasiado joven. Llegar con menos de doce años a este nivel técnico e interpretativo es casi asombroso. Sin duda oiremos hablar mucho más de él. Pero a día de hoy carece de madurez, en la Sonata nº 2 de Enescu se limitó a ejecutar impecablemente esta obra endiablada, que Enescu escribió para su propio lucimiento como virtuoso. Fue además una interpretación un poco angustiosa porque su pianista acompañante, Victor Andrei Parau, ejecutó en el peor sentido de la palabra su parte, tapando muy frecuentemente a King, que por edad no tiene un sonido amplio y por falta de experiencia carece de los recursos para imponerse al pianista, algo que sólo consiguió en cierta medida en el tercer movimiento. La Orquesta de Cámara de la Radio le acompañó mucho mejor y en Mozart disfrutamos mucho más de este crío joven y serio, que parece tenerlo todo para triunfar como demostró en la cadencia final del primer movimiento del Concierto nº 4 de Mozart. En la final tocará el Concierto para violín op 35 de Chaicovsqui, cuyo melodismo tan obvio puede ayudarle. 

Francesco Papa es un buen violinista que merece estar en la final. Como yo sólo juzgo lo escuchado hoy, me gustó menos, pero quizá si conociese lo realizado en las dos primeras rondas coincidiría más con el jurado. Además Papa se me asemeja a algunas estrellas jóvenes de moda, con una técnica soberbia pero con grandes limitaciones expresivas, cuyo objetivo parece ser convertirse en clones de artistas míticos del pasado, de los que sólo consiguen ser imágenes tan fieles como opacas. Es una manía personal y mi opinión puede cambiar cuando le escuche en el Concierto para violín de Sibelius. 

Eun Che Kim, al igual que Papa, es una violinista centrada en la perfección técnica y las tradiciones interpretativas más ortodoxas, lo cual le garantiza un éxito de público y la acerca a las estrategias comerciales de los grandes sellos. Le favoreció también su madurez -era la mayor de los semifinalistas- y su experiencia en los escenarios. En la final tocará también el Concierto para violín de Sibelius. 

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