Jornada de clausura del 75 Festival Internacional de Santander. En un ambiente de celebración, la Orquesta del Festival de Bayreuth (Festival que cumple su 150 aniversario este mismo año 2026) y los cantantes Catherine Foster, Klaus Florian Vogt y Jonathan Brownlee dirigidos por Pablo Heras-Casado ocupan el escenario de la Sala Argenta para ofrecer una síntesis de El anillo del nibelungo de Richard Wagner de dos horas de duración. De las infinitas opciones posibles, Heras-Casado eligió, con criterio cronológico, una de las más atractivas, combinando pasajes de fuerza con otros más emotivos y sentidos.
Y el director granadino logró el equilibrio perfecto entre la cohesión del conjunto y el realce de las partes solistas, entre la sencillez de la línea y la profusión de texturas orquestales, entre la construcción dramática y el fervor, capturando de forma notable la esencia de la monumental tetralogía wagneriana.
Se inició la velada con la “Entrada de los dioses al Valhalla”, el final de El oro del Rin que alcanzó niveles espectaculares, dando paso al bajo-barítono Jonathan Brownlee con ‘Abendlich strahlt der Sonne Auge’ expresado como un calmado arioso que fue ganando progresivamente energía y solemnidad. La potencia de su voz, su proyección y limpieza en los acentos supo imponerse a una orquesta que en ese momento está muy presente y entona el tema del Anillo antes de que el poderoso crescendo lleve al motivo de la Espada iniciado por la trompeta. Aquí también la voz de Brownlee quedó patente con una firme resolución en las notas más agudas de su registro.
‘Ein Schwert verhies mir der Vater’ fue el primer fragmento elegido de La Valquiria, con Klaus Florian Vogt como Siegmund. Vogt mostró una voz cobriza de tenor dramático con un timbre viril y cálido, y heroico cuando lanzó sus dos imprecaciones ‘Wälse’, además de furioso en el final de esta maravillosa casi-aria que ilustra a la perfección el arte vocal de Wagner.
La segunda muestra de La Valquiria fue la “Despedida de Wotan”, con Brownlee de nuevo interpretando el ‘Leb wohl’ con una amplitud y un lirismo a flor de piel conmovedor. Increíble aquí la labor de Heras-Casado modelando los contornos de la orquesta con los bordados de las melodías y sus incesantes modulaciones.
Un momento sosegado llegó después con “El murmullo del bosque” de Siegfried, al que Heras-Casado aportó frescura y tranquilidad con delicadas cuerdas y maderas, para dar paso a la primera interpretación de Catherine Foster, ‘Ewig war ich’, donde la soprano elaboró cada frase con un arte consumado, enfatizando sutilmente ciertas palabras y regresando después con renovado vigor, pero con un canto siempre inteligente y seductor y un pianissimo admirablemente matizado.
Después del intermedio, la velada se dedicó por completo a El ocaso de los dioses comenzando con el “Amanecer y viaje de Siegfried por el Rin” y con la muerte de Siegfried, donde nuevamente Vogt y la orquesta construyeron una página admirablemente ejecutada.
A la “Marcha fúnebre” posterior, plena de ritmo y contrastes dinámicos donde sobresalieron de nuevo los metales de Bayreuth, le siguió la “Escena de la Inmolación” con Foster uniéndose a la orquesta en el último fragmento con una actuación a la altura de las expectativas. Aquí, su voz potente y flexible, de timbre rico y producción uniforme, nos pareció hecha a medida para Wagner y especialmente apropiada para las visiones apocalípticas de los momentos finales de Götterdammerung.
Terminado el recorrido, Heras-Casado rescató de la pira y puso a galopar a Grane en una vertiginosa ‘Cabalgata de las valquirias’ que acabó de enfervorizar a un público ya rendido.
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