He sentido una gran satisfacción al comprobar que me había equivocado al juzgar a Jayden King, tras la prueba semifinal, como:
"simplemente demasiado joven. Llegar con menos de doce años a este nivel técnico e interpretativo es casi asombroso. Sin duda oiremos hablar mucho más de él. Pero a día de hoy carece de madurez"
En primer lugar he de retirar el "casi" porque este niño es realmente asombroso. Y en cuanto a la madurez, King ni es ni podría ser un 'maestro' en el sentido de la jerarquía confuciana de los intérpretes, pero a pesar de su temprana edad ha superado con ventaja la fase de la 'imitación' y avanzado vertiginosamente en la etapa de la 'creación': conoce el repertorio, lo ha asumido y es capaz de elegir los modelos (tradiciones interpretativas) sobre los que construir su interpretación.
En el caso del Concierto de Chaicovsqui, intuyo que la semilla es la perspectiva patética -llena de sentimientos- de David Oistrakh (1908-1974) sobre este Concierto. Al igual que Oistrakh, King nos seduce desde la belleza de la primera nota y a partir de ese momento nos introduce con el mayor decoro en un jardin sembrado de emociones, evocaciones y sensaciones intensas. Pero por más que King comparta con el viejo maestro la llave del jardin, nos guía por senderos distintos que nos ofrecen aromas y colores del siglo XXI. Durante su interpretación, arrasttró tras de sí en volandas a la espléndida Orquesta Filarmónica George Enescu, casi obligando al competente Harry Ogg a renunciar a cualquier protagonismo en aras del protagonismo de King.
Tras unos segundos de silencio, el público estalló en aplausos y bravos enfervorizados. Y una hora más tarde, concedió a King -por votación popular- el Premio del Público que se unió al Primer Premio otorgado por el jurado (y también al de mejor intérprete de la obra actual, de encargo para el concurso, de Lembit Beecher).
Francesco Papa se llevó merecidamente el segundo premio por una ejecución impoluta del Concierto para violín op 47 de Sibelius, retóricamente coherente aunque fría, sin que ello signifique el demérito de la belleza de su sonido. Comparativamente me gustó más que Eun Che Kim, quien había interpretado el mismo Concierto de Sibelius, al comienzo de la velada. Papa es más creativo, tiene mejor técnica con las dobles cuerdas, y sobre todo fue capaz de hacer interesantes los silencios, algo que no todos los intérpretes, incluso algunos grandes, son capaces de hacer. Citando a Maruxa Baliñas:
Papa obtuvo además el Premio a la mejor interpretación de una Sonata de Enescu, en su caso la Sonata n.º 2 en fa menor para violín y piano op. 6 que tocó en la prueba semifinal.
Mientras King y Papa mejoraron su actuación en la semifinal, Eun Che Kim volvió a deambular por los escabrosos terrenos de la perfección técnica sin llegar a pisar las llanuras de la seducción musical. O como escribí hace dos días a raíz de las semifinales:
[Kim] es una violinista centrada en la perfección técnica y las tradiciones interpretativas más ortodoxas, lo cual le garantiza un éxito de público y la acerca a las estrategias comerciales de los grandes sellos.
Del mismo modo que no siento pudor en cambiar de opinión cuando cambian las circunstancias, reconozco que me encantó que mi 'favorita' en las semifinales, Mariam Abouzahra, de 18 años de edad, obtuviese el Premio 'Tocando para el mañana'. O sea, fuese considerada la mejor 'joven promesa'.
El próximo jueves comienzan las semifinales de la Sección de Piano del Concurso George Enescu, que previsiblemente comentará Maruxa Baliñas, y el sábado estaremos nuevamente discutiendo los méritos de los ganadores.
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