España - Canarias

La campana de la libertad

Eliana Cabrera
Ilan Volkov
Ilan Volkov © Astrid Ackermann | L'Auditori
Santa Cruz de Tenerife, sábado, 19 de septiembre de 2026.
Auditorio Adán Martín. Julia Wolfe: Liberty Bell. Alban Berg: Concierto para violín “A la memoria de un ángel”. Leoš Janáček: Sinfonietta. Violinista: Francisco Fullana. Orquesta Sinfónica de Tenerife. Director: Ilan Volkov
0,0006024

Septiembre fluye tranquilo en este final de verano tinerfeño. Anoche la velada era perfecta en el Auditorio santacrucero. El programa se presentaba realmente apetitoso. La imagen modernizada del Auditorio y de la Sinfónica de Tenerife hace ya algún tiempo que llamaba mi atención, aunque a veces, frente a la estética refrescante, me parecían decepcionantes los programas de la orquesta. Muy poco a poco empiezan a encontrar mi gusto también los contenidos, y en ocasiones empiezo a tener problemas para elegir.

Anoche no tuve ningún problema para elegir y la decisión estaba tomada desde hace algún tiempo. Con el título Liberty Bell se ofrecía un concierto de la Orquesta Sinfónica de Tenerife junto al violín de Francisco Fullana bajo la batuta de Ilan Volkov. El programa se abría con la obra que daba al concierto ese título sugestivo y esperanzador, Liberty Bell. Obra de una compositora, la estadounidense Julia Wolfe estrenada en 2025.

Conviene tener en cuenta que esta es una de las dos (2) obras de compositoras que en la temporada 2025-26 la Sinfónica de Tenerife ha previsto dejarnos escuchar. Si les interesa, la próxima será el 30 de abril, la obra de la española Helga Arias In the Aftermath of Gravity.

La temporada pasada las obras de compositoras que se escucharon también fueron dos, por un total de 12 minutos: los tres minutos que dura Cielo bajo, de Rosa García Ascot, y los nueve minutos que dura The Wreckers, de Ethel Smyth. En la temporada 2024-2025 solo se tocó la obra de Raquel García Tomás, Las constelaciones que más brillan. Un poco mejor había ido en la temporada 2023-2024, cuando se interpretaron nada menos que cinco obras de mujeres, dos de ellas bajo la batuta de directoras: fueron Unsuk Chin, Grazyna Bacewiz, Anna Clyne, Laura Vega y Gabriela Ortiz.

Este año los creadores cuyas obras nos hará escuchar la OST son cerca de 50, y de ellos solo dos son mujeres. Y por lo visto en los últimos cuatro años la cosa no ha sido diferente y en todo caso no ha ido a mejor. No les canso más con estadísticas. Solo quiero añadir que el canon estético - y la historia de la música - lo decidimos cada día, o al menos cada vez que diseñamos el programa de la temporada anual.

El concierto de anoche fue espléndido, que es lo que ahora importa. Las tres obras fueron bellas y refrescantes: además de Julia Wolfe, escuchamos el Concierto para violín “A la memoria de un ángel” de Alban Berg, y un arreglo de Joseph Keilberth sobre la Sinfonietta de Leoš Janáček, compuesta en 1925, poco antes de la muerte del autor.

Fullana tocó muy bien la parte solista del concierto de Alban Berg; la orquesta por su parte pareció crecer en inspiración e implicación durante la velada, y en concreto la sección de metales estuvo llena de chispa, especialmente en la obra de Wolfe y en la de Janáček. Ilan Volkov fue poco a poco metiéndose en el bolsillo a la platea medio llena (y medio vacía) del Auditorio hasta levantar al público de sus asientos en una calurosa ovación al final del concierto.

La verdad es que la Sinfonietta, y con ella también la Sinfónica, creció hasta lo hipnótico. Según leo por internet, inspirado por fanfarrias militares, el autor buscaba expresar “al hombre libre contemporáneo, su belleza espiritual y alegría, la fuerza, el coraje y la determinación de luchar por la victoria”.

También la obra de Wolfe me pareció exultante y llena de energía. Dice la autora: “Alcanzar la libertad no es un proceso silencioso ni ordenado: es una lucha caótica, bulliciosa, continua y entrelazada […] Exalto la perseverancia, me aferro al optimismo y busco un camino a seguir”. Fue el triunfo de una música de una belleza y de una frescura arrolladoras.

Al salir del concierto la preciosa luna creciente se reflejaba sobre el mar apacible. Como dijera el canario Tomás Morales, “el disco de la luna bajo el azul romántico / rielando en la movible serenidad marina” y “el leve chapoteo del agua verdinosa / lamiendo los sillares del malecón dormido”.

Algunos músicos y un poco de público permanecían en el hall iluminado. Dos jóvenes charlaban con el director. Me habría gustado saludarle, pero no quise disturbar la visión alegre que ofrecía el artista con los dos estudiantes. La mezcla entre ese programa moderno, humano, sustancialmente optimista, y esa sensación de éxtasis tranquilo, juvenil y hedonista, que se vivía al salir, dejaban la impresión de que el mundo solo puede ir a mejor.

Hace ahora un año, el 11 de septiembre de 2025, el israelí Ilan Volkov fue protagonista del evento musical y cultural que más me ha impresionado en años: su discurso en los PROMS sin ambages, denunciando la atrocidad de la masacre en Gaza. “Atrocious”. Su discurso empezaba diciendo que él era israelí y que él amaba su país, pero, dando un giro apasionado y desgarrado, se pronunciaba inmediatamente sobre lo que su país estaba ejecutando en la franja de Gaza. “But what’s happening now is atrocious and horrific in a scale that’s unimaginable”. La mirada incendiada hacia el público, las manos temblorosas aferrando el papel donde leía el discurso, la gestualidad nerviosa. A mí este gesto me conmovió profundamente.

Pienso con frecuencia en cómo será la existencia de las personas que ahora están encerradas sin poder hacer nada por su vida y por la vida de sus hijos e hijas en la Franja de Gaza, “mientras los gobiernos dudan y esperan”. Especialmente de noche, este pensamiento me persigue. Pienso también en las numerosas personas que, por protestar contra esta catástrofe, se han visto tratadas como terroristas y criminales tanto en Europa y Estados Unidos como en la propia Israel. Encuentro brutal e inconcebible vivir en un mundo donde puede considerarse aceptable ver suceder algo como esto sin hacer absolutamente nada.

“Every little action counts”, decía Ilan Volkov. Yo también lo pienso. Ojalá no deje nunca de sonar la campana de la libertad.

Comentarios
Para escribir un comentario debes identificarte o registrarte.
🎂 Mundoclasico.com cumple 30 años el 1 de mayo de 2026

Desde 1996, informamos con independencia sobre música clásica en español.

Para disfrutar plenamente de nuestros contenidos y servicios, regístrate ahora. Solo lleva un minuto y mejora tu experiencia como lector.

🙌 Registrarse ahora