Países Bajos

En la Concertgebouw y con su Orquesta

Agustín Blanco Bazán
Mäkelä dirige la Orquesta del Concertgebouw
Mäkelä dirige la Orquesta del Concertgebouw © 2024 by Milagro Elstak
Ámsterdam, viernes, 18 de septiembre de 2026.
Concertgebouw. Orquesta Real de la Concertgebouw bajo la dirección de Klaus Mäkelä. Robert Schumann: Sinfonía nro. 1 “Primavera.” Hector Berlioz: Symphonie fantastique.
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Oslo, París, Chicago, Ámsterdam …. ¡Imposible tantas orquestas al mismo tiempo! Es por ello que no quedó más remedio a Klaus Mäkelä que terminar antes de tiempo su relación con la orquesta que primero descubrió su fama, la excelente Filarmónica de Oslo, para continuar barajando sus otras tres. Su contrato con la de París termina en el 2027, año en que comienza su titularidad oficial con la Sinfónica de Chicago y la Concertgebouw, que mientras tanto lo han contratado como “director designado” para cierta cantidad de conciertos, incluidos los de dos extensas giras invernales. La primera será en enero a través de la invernal Europa de Alemania, Austria, Viena, Luxemburgo y París con la orquesta de Chicago. Enseguida vendrá la segunda, en febrero, con la Concertgebouw en una extensa gira española, que incluye no solo Barcelona, Madrid, Sevilla, Valencia y Zaragoza, sino también, (sospecho que para alivio semi-veraniego del director y los instrumentistas) conciertos en Gran Canaria y Tenerife.

Lo cual quiere decir que las audiencias españolas tendrán la oportunidad de apreciar la excelencia interpretativa de Mäkëla y la Concertgebouw con las dos obras que abrieron la temporada en la emblemática sala de Ámsterdam, tal vez la mejor entre todas las salas tradicionales europeas. Todo suena aireado, redondo y sin la mas mínima sequedad en este recinto coronado con las dos enormes tribunas que contornean en órgano central y que obligan al director a bajar una empinada escalera para alcanzar el podio.

Fue en una sala excelencia acústica similar, la del teatro Colón de Buenos Aires, que escuché por primera vez a esta orquesta líder bajo la dirección de Bernard Haitink en 1971 en la Sinfonía Fantástica. Imposible olvidar esta experiencia de acceso a una sonoridad desconocida en las orquestas nacionales que había escuchado luchando con esta obra. Imposible equiparar los denodados esfuerzos de estas últimas con la decantada y virtuosa calidez y sostenida intensidad de un conjunto que finalmente honraba las posibilidades acústicas de la casa con una interpretación de cromatismos y dinámicas magistrales.

Y también magistral fue, 55 años después, la interpretación de Mäkelä al frente de instrumentistas que dos generaciones después preservan y al mismo tiempo renuevan un sonido único. Lo que hacía Haitink es apreciable en la grabación de un concierto en vivo de 1979 en la Concertgebouw accesible en Youtube. Su estilo es más compacto y germánico que la interpretación de Mäkelä, que a cambio convence por su afrancesada transparencia de texturas y su agilidad y brillantez cromática, desde el interrogante de los crescendos de violas en el canto espressivo de “Rêveries – Passions” hasta los trémolos, pizzicato y sforzando de cuerdas que en el último movimiento ("Songe d'une nuit du sabbat") apoyaron la famosa danza de clarinete aquí expuesta con un expresionismo extremo.

El “Bal” del segundo, fue de una intensidad a la vez sutil y bien marcada y de una transparencia que permitió descubrir la inquietante premonición dramática en las cuerdas bajas. Y en el tercer movimiento fue nuevamente la transparencia de ejecución la que permitió un contraste de segura nitidez entre las cuerdas y el diálogo de cor anglais y oboe que define la incertidumbre existencial de esta "Scène aux champs", tan pastoral como inquietante en su anticipación de la "Marche au supplice" del cuarto movimiento. Aquí Mäkela se diferenció del enérgico pesante que imponía Haitink con algo totalmente distinto, esto es, una incomparable combinación de intenso marcado y levare.

En este punto, la ejecución alcanzó una antológica combinación de riqueza rítmica y contraste de dinámicas, en suma, un virtuosismo sonoro que espero será también apreciable en la ejecución de la obra anunciada para los conciertos en España. Es con esta orquesta y este director que obras archiconocidas como ésta parecieran descubrir nuevas dimensiones de excelencia contrapuntística y melódica.

En la primera parte del programa la orquesta abrió con la Sinfonía nº 1 de Schumann (“Primavera”) con un magnífico despliegue de metales en el Andante un poco maestoso para ejecutar el difícil cambio de ritmo al Allegro molto vivace con decantada fluidez. En el segundo movimiento, el Larghetto fue interpretado con un pulso tal vez algo mas urgente de lo común que facilitó el pasaje sin solución de continuidad a un Scherzo de preciso marcado y seguro en las exigentes diferenciaciones impuestas por el compositor, por ejemplo de “molto vivace” a “molto piu vivace” o en la coda de “come sopra ma poco più lento”, “quasi presto”, “meno presto.”

Finalmente, Mäkëla y una orquesta que ya podemos llamar la suya, empaquetaron esta joya del repertorio romántico con un luminoso Allegro animato e grazioso. En la coda, el poco a poco acelerando fue graduado como un gigantesco sforzando hacia un implacable y exuberante punto final. Decididamente, toda la energía primaveral de esta sinfonía logró iluminar el principio de otoño de un público atento y entusiasta como nunca. 

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