Debo empezar esta reseña comentando que por motivos ajenos a mi voluntad llegué demasiado tarde a la sala y el primer acto de Tosca lo escuché sólo parcialmente desde el hall de entrada del Palacio de la Ópera. En estas circunstancias, acaso lo más correcto hubiera sido renunciar a hacer la crítica del espectáculo, pero también por causas ajenas -en este caso un viaje previamente comprometido- no había podido asistir a la otra ópera representada de la programación de Amigos de la Ópera de Coruña 2026, Jenufa, y quería escribir en este caso. Nada puedo decir por tanto del 'Te Deum', ni de 'Recondita armonia', ni del Coro Infantil Cantabile, y casi nada del Coro Gaos, al que sólo escuché fugazmente en el segundo acto.
La producción de Paul-Émile , de 2017, no es muy lucida visualmente y se perdía un poco en el escenario del Palacio de la Ópera de Coruña, que a pesar de su precioso nombre se diseñó más bien como centro de congresos o multiusos y casi siempre resulta desabrido. Decoración e iluminación escasas, un vestuario sencillo, tampoco ayudaban a su atractivo. Pero Fourny tampoco cometió errores, y permitió que disfrutáramos de la historia y de la música. Lo más desconcertante, la presencia de una especie de esculturas vivientes al fondo del escenario -pintadas de gris violáceo- que aparecían y desaparecían casi sin que el público se diera cuenta. Por lo que me explicaron después, se trataba de una especie de ángeles custodios que representaban a los muertos en esta ópera -Angelotti, Scarpia, Cavaradossi, y Tosca-, y estaban en escena al tiempo que sus 'protegidos' (y pongo comillas porque como ángeles custodios fueron un fracaso, todos sus protegidos mueren).
Lograda sin duda la escena final del suicidio de Tosca, excepto por el detalle de que encajaba muy poco con el estilo de la producción que habíamos visto hasta ese momento ... y se parecía mucho a la muerte de Tosca en Las siete muertes de María Callas de Marina , posiblemente en su versión primera, (2020). Para los observadores, la producción de la Opéra-Théâtre de Metz Métropole es de 2017, por lo tanto anterior a Seven Deaths, pero en realidad, las primeras versiones de la obra de Abramovic circulaban ya varios años antes y pudieron servir de inspiración. En cualquier caso Julien , responsable del diseño videográfico, cambia el punto de vista y nos hace ver el suicidio de Tosca desde sus propios ojos, cómo cae -debía haberlo hecho más lentamente- y qué ve en su caída.
La Orquesta Sinfónica de Galicia - OSG pareció disfrutar de esta ocasión de tocar música operística y el director no siempre acertó a frenar su ímpetu -están acostumbrados a ser los protagonistas- por lo que fueron frecuentes los momentos en que tapaban a las voces. Sólo en las grandes arias de la ópera Díaz y la OSG se ciñeron a su función de acompañantes y permitieron el lucimiento pleno de y . Pero, ¡qué bien sonaron al comienzo del tercer acto!
Los principales protagonistas fueron todos muy aplaudidos, aunque desde mi perspectiva no todos lo merecían por igual. Miren Urbieta-Vega, Tosca, fue la auténtica protagonista haciendo girar toda la acción a su alrededor. Cantó, actuó y expresó todo el drama de esta horrible historia, que lamentablemente sigue siendo totalmente actual y cotidiana, emocionando con su 'Vissi d'arte': quizá por eso convertirla en objeto pasivo en su muerte resultó decepcionante.
Ragaa Eldin, Cavaradossi, cantó muy bien su 'E lucevan le stelle' pero no resultó demasiado convincente en su celda esperando la muerte: no hubo tensión previa antes de su 'adios a la vida' ni auténtica ilusión o alegría cuando llega Tosca a visitarlo (¿acaso porque ya sabe que todo va a acabar mal?).
hizo un gran Scarpia, pero -más bien debido a la dirección escénica- no llegó a ser realmente cruel, ni suficientemente obsesionado con Tosca. O sea, musicalmente sí se expresó pero actoralmente resultó frío. Nada puedo decir de , el Sacristán, al que sólo oí desde fuera.
Inevitable dedicar una mención laudatoria al 'Pastor', pastora en este caso, que fue Daniela , la hija del barítono Borja Quiza, de sólo 16 años. Ya la he visto actuar en otras ocasiones (protagonizó un musical, Lúa, hace unos pocos meses) y mostró una capacidad vocal y desparpajo escénico muy satisfactorios. Tanto o más que los otros tres cantantes 'locales', (Carcelero), miembro del Coro Gaos que actuaba como solista por primera vez, (Spoletta), y Pedro (Sciarrone). Amigos de la Ópera de A Coruña lleva ya unos años dando ocasión a jóvenes cantantes gallegos, tanto en recitales que se integran dentro de su programación regular, como encomendándoles estos pequeños papeles en las óperas que se hacen en la ciudad.
Amigos de la Ópera de Coruña iniciará una nueva etapa -ya la está iniciando en realidad, que en ópera todo se hace con mucha antelación- a partir de 2027, con un nuevo equipo directivo y de gestión, puesto que que ha sido su responsable artístico desde 2022 cesa con el fin de esta temporada el próximo 26 de noviembre, tras los dos últimos recitales de 'Lírica inclusiva' y un pequeño ciclo de cine y ópera que tendrán lugar en las próximas semanas.
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