En La Vanguardia del día del concierto se recordaba que ésta era la décima vez que la Orquesta Filarmónica de Berlín actuaba en Barcelona, en sus ciento veintiún años de esplendorosa historia. La media -una vez cada doce años, mucho más hiriente que la maldición del holandés errante- es, pues, lo suficientemente llamativa como para que el público acuda en masa al Palau y agote el aforo; algo que sucede, desgraciadamente, muy pocas veces a lo largo de la temporada. Un concierto de la Filarmónica de Berlín es, siempre, un acontecimiento sinfónico del más alto rango, incluso en la ciudad donde ofrecen su temporada ordinaria de abono. Así lo ha constatado un servidor de ustedes en numerosas ocasiones y de forma invariable.Por más que la orquesta no es la que era: las maneras de Claudio Abbado no han sabido o no han querido -para mí, mitad y…
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