Podría decir que la noche del 6 de junio, en Málaga, con la naturalidad de los momentos verdaderamente mágicos, la realidad se plegó, gentil, a la forma exacta de nuestros sueños. Podría abandonarme al entusiasmo lírico, hablar del hechizo de la luna llena, de la prodigiosa noche mediterránea, del verano que despuntaba en olor de mar... y los dioses saben que no habría quien me parara.Pero fue tan estupenda la noche, se disfrutó tanto y tan bien, que creo bastará contarlo sin más para que ustedes se lo figuren. La Peña de la Ópera y el Bel Canto (de la cual dimos cumplida noticia en otra ocasión) salió, para celebrar la entrada del verano, de su habitual y limitado escenario en el Pimpi para ofrecer a los malagueños una prueba de lo que viene haciendo en sus recitales.La idea era magnífica: utilizar los balcones del edificio de Félix…
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