Extraviarse es un verbo lujoso, casi tanto como la música de Verdi. Una representación de ópera es susceptible de extraviarse, de evidenciar carencias y vacíos, pero también de enmendarse después al igual que 'Violetta Valéry' y acabar siendo como el amor que ésta canta, en ocasiones una cruz, en ocasiones una delicia.La mayor delicia para el espectador que asistió a La Traviata vallisoletana fue la puesta en escena del italiano Pier Luigi Pizzi, quien condujo la obra desde el colorido intenso y frívolo, rozando lo grotesco, de los primeros actos hasta la austeridad blanca y triste del tercero. Este montaje modesto, encargo de los teatros de Montecarlo y Venecia y que llegaba desde el San Carlos de Lisboa, concedió un marcado carácter teatral a la representación, sentido en el que también jugó un importante papel la escenografía, con un…
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