Si hay algo de lo que no me cabe la menor duda después de su concierto, es de que Marta Zabaleta es una pianista con temple, en esa acepción que lo define como "fortaleza enérgica o valentía serena para afrontar las dificultades y los riesgos". De éstos, hubo los inherentes a un programa dedicado monográficamente a Mozart, cuya pureza melódica y fácil audición conllevan que el mínimo desliz, la mínima vacilación en el planteamiento o la ejecución se paguen muy caro; de ello hemos tenido algún ejemplo en el Festival.De aquéllas, aparte de las técnicas y artísticas propias del programa –que fueron limpiamente superadas por la pianista vasca-, hubo las añadidas por media docena larga de espectadores, concienzudamente dedicados a impedir el normal arranque del concierto durante la Sonata nº 4 que lo abría y que fue interferida en tres de…
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