El mío no fue un caso de haber ido tras lana y acabar trasquilado; no obstante, cuando asistí, el viernes, al teatro Eugene O’Neill, para prestar oídos al concierto del Quinteto de bronces Brador, esperaba una variada colección de piezas de distintos períodos y prácticas, sobre todo renacentista y barroco -eras que produjeron un amplio repertorio para conjuntos de instrumentos de metal- pero también clásico y romántico, rematando con música del siglo XX y selecciones de jazz.Tampoco fue una decepción, pese a mis erradas expectivas, escuchar un programa formado principalmente por arreglos, para esa combinación instrumental, de números de famosos jazzistas estadounidenses, complementados por otros de estampa tradicional y pop. Al contrario, la manera desenvuelta, integración estrecha, sonoridad eufónica y musicalidad sensible demostradas…
Comentarios