Como si de un concierto extraordinario o de una orquesta invitada se tratara; así recibió el público la ejecución de esta Tercera Sinfonía de Gustav Mahler; con aplausos, bravos y gente puesta en pie. No era para menos. Pocas veces un concierto de abono, parece menos rutinario, y en contadas ocasiones, tantos protagonistas como los reunidos aquí, cumplen tan bien su función, que nada desluce en el engranaje.Para muchos, esta Sinfonía de Mahler es la más desconcertante de todas, quizás por su abigarrada sucesión de temas, muchas veces encontrados, tal vez por su profundo carácter programático que la convierten en un desafío a la imaginación de más de hora y media. Los más, le achacan su apreciable felicidad. Allí donde la Octava supera en huestes y en duración a la Tercera, también la vence en dramatismo. Y ya se sabe, que para muchos, la…
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