Nunca había visto el Teatro Universidad de Chile tan repleto de gente como el fin de semana recién pasado. Enjambres de melómanos se reunían en torno a la miel de la Pasión según san Mateo, que proponía la abeja reina, el maestro David del Pino Klinge, al frente de la Sinfónica, el Coro Sinfónico de la Universidad de Chile, el Coro de niñas del Liceo Nº7 y un quinteto de prometedores solistas. El pasar de la velada demostró que los pequeños malos ratos que pasamos por aquel gentío acumulado en un teatro que no tiene ni las instalaciones ni la costumbre de recibir a tantos espectadores, se vieron absolutamente justificados frente a la enorme interpretación de este monumento a la música de todos los tiempos.Cabe recordar, en este punto y no sin un poco de malicia, que la importancia de esta presentación, que era realmente grande, no se…
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