Las piezas con las que María de Fátima dio inicio al concierto, y que interpretó sin interrupción, alcanzaron -al igual que su versión de Reflejos en la segunda parte-, el encanto visual que hay contenido en ellas. El humor que encierra la Sonatina, las evocaciones míticas de Gnossienne, o el surrealismo del Preludio brotaron del piano como genio. La sátira, la broma, el sarcasmo, abandonaban por momentos la tan abstracta forma de los sonidos para representársenos en figuraciones. Por supuesto, ateniéndonos a los códigos que rigieron tales categorías en los finales del siglo XIX y los primeros años del XX. Esos temas contrastantes en tempos y colores, esas melodías despampanantes, en apariencia inacabadas, al desgaire, como carcajadas a veces, ese sentido de la impresión primera... impresionaron.María de Fátima impresionó en Reflejos,…
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