Y es que se puede decir cualquier cosa de este chico, menos que es desconocido para el aficionado lírico mínimamente al tanto de la actualidad del mundillo. Desde el año 1996 en el que gracias a una sustitución bordara el papel protagonista de la ópera Ricciardo e Zoraide en el Festival Rossini de Pésaro, ha arrastrado hasta estos días una trayectoria repleta de ovaciones y auditorios en pié, desde el Metropolitan de New York hasta el Covent Garden, pasando, cómo no, por la Scala de Milán.Para la cita del Kursaal, lleno hasta la bandera, escogió un programa que recogía desde Mozart hasta canción peruana, pasando, como no podía ser de otra manera, por Rossini. Inevitable, ya que algún crítico (incluso de esta misma casa) le ha calificado como el mejor tenor rossiniano de la historia.Dio comienzo a la velada un aria para concierto, Misero…
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