Si hubiese sido alguna desconocida novel, y no Daniela Barcellona, la intérprete del recital que el pasado jueves día 4 clausuró la 64 edición de la Quincena Musical de San Sebastián, hubiésemos dicho que fue una actuación del montón, pues no podemos decir que los errores cometidos deriven a calificar la gala como mala. Pero siendo ella una mezzosoprano de reconocido prestigio internacional, el recital resultó insípido, mediocre y claramente delusorio.Fue, a grandes rasgos, una función aburrida y ausente de comunicación con el público. Esto contrastó con el efusivo (y a mi parecer, excesivamente alardeado) feeling entre la mezzosoprano y el pianista, no en vano, era su marido. Prueba de la aludida insulsez es que la primera parte del programa, compuesta básicamente por obras barrocas de Vivaldi, Händel y Gluck, así como una obra de…
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