Quizá sea la dorada época de los Ballets Rusos de Serguei Diaghilev la que mayor fascinación ejerce sobre especialistas y profanos por igual: un esplendoroso momento de la historia del arte en general, y de la danza en particular, que reunió bajo la misma batuta a los artistas más brillantes del siglo XX, de Stravinski a Picasso, de Cocteau a Nijinski... enumerarlos a todos llevaría toda la crónica.En 2002, cincuenta años después de la muerte de Nijinski, Neumeier rinde homenaje al gran artista, objeto de su fascinación desde la infancia, y sobre el que ya realizara una breve coreografía en 1979, Vaslaw. No acaba de ser un ballet narrativo, en sentido estricto, ni es una biografía a la usanza (“la danza no es un documental”, dice el coreógrafo), sino “una biografía del alma, una biografía de los sentimientos y sensaciones”.La primera…
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