Un programa inteligentemente confeccionado, con dos obras de Jan Sibelius enmarcando otras dos de compositores británicos, Elgar y MacMillan, con un director que ya ha entrado en la historia – ha cumplido los 75 años pero parece tan joven como siempre – y una orquesta que continúa siendo una de las mejores del mundo: ¡Qué más se puede desear!La LSO sigue siendo una orquesta de primera, muy profesional, de una cohesión sonora envidiable, que puede hasta con la complicada acústica de nuestra sala sinfónica. Una cuerda sólida (16/14/12/10/8), y maderas y metales de gran calidad, contestan con gran eficacia y sentido de la línea a las menores indicaciones del director. Colin Davis, como siempre, con una batuta extraordinariamente precisa – casi no necesita de la mano izquierda y la utiliza con economía, para subrayar algún pasaje – estaba en…
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