Son tan sabrosos algunos de los comentarios que se emiten en la zona VIP del Palau, que no puedo resistir la tentación de trasladarlos al resto de la ciudadanía. De dónde será este director, se preguntaba una señora cercana a mí; debe de ser japonés, se atrevía a sugerir su compañera, que, además, medio argumentaba: antes les decíamos a todos chinos, ahora japoneses. ¡Caray, con lo poco que cuesta hojear el programa de mano!En fin, el caso es que se presentó en Valencia el compatriota de aquéllos que nos eliminaron del Mundial (demasiado exótica su selección como para considerarla tan pérfida como la británica, así que la culpa fue del árbitro, egipcio él; a ver si toda la inquina aznarista para con los árabes no es más que una venganza por aquella afrenta). Lo hizo al frente de la orquesta italiana que comanda desde 1997. Y,…
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