Siempre que alguna de las grandes sinfonías del repertorio romántico y post-romántico se presentan en una ciudad, no deja de sorprender la superficie y la macro utillería que lleva una orquesta para poder ejecutar la misma. Sorprende acceder y encontrarte con toda la superficie de la sala, concretamente el escenario que no el patio con su público en este caso, llena de butacas para los músicos, la percusión tanto clásica como anormal en su lugar ocupando un gran tanto por ciento, y pequeños huecos que van a servir para que los arquistas puedan moverse a sus anchas sin molestar a sus compañeros. Ni un alfiler más. Magnitud, una irreverencia para nuestros oídos; no es el primero que piensa que se podría quedar sordo con una sesión de estas características.Y es que hoy, la Séptima de Mahler va a sonar dentro del Ciclo Complutense de…
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