Con una entrada sensiblemente menor, la Orquesta Filarmónica de Bergen mostró al día siguiente su trabajo en forma, esta vez, de un variado programa sin desperdicio alguno. Reconoceremos que el programa no fue para nada típico si lo miramos con ojos históricos, sí en la estructura del mismo: aire contemporáneo, autores desconocidos, medios conocidísimos, y sobre todo obras que se escapan de las programaciones normales de los auditorios de nuestro país.Muestra de ello, los tres autores que iban a llenar la segunda noche de los noruegos en Madrid; un desconocido Hovland, un casi tristemente olvidado Jatchaturian, y el padre de la sinfonía contemporánea que es Dimitri Shostacovich. Digamos que de los tres, Shostacovich podría representar los anhelos de la sociedad actual, que ven en este compositor el punto de unión de una modernidad…
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