Es inevitable, si uno recuerda, que acabe comparando. Andrew Litton llegó al Palau y se enfrentó a varios recuerdos que aún pululaban por la sala. Uno muy fresco: el magnífico Mahler que Bychkov y la Orquesta Sinfónica de la Radio de Colonia habían recreado tres días antes. Otros no tan recientes, aunque bien asentados en la memoria: el Concierto de Ravel mágicamente interpretado por Grimaud y Saraste la temporada pasada y la Séptima de Mahler que Ashkenazy y la Filarmónica Checa brindaron hace ya más de tres años. Y comparando, lo de Litton con la orquesta noruega, aun siendo bueno, fue peor.El Concierto en sol de Ravel resultó tímbricamente algo tosco, como si a la orquesta le faltara refinamiento. Thibaudet, que había comenzado trazando unos tresillos de calidad exquisita, pareció contagiarse de esa leve brusquedad, diríamos que casi…
Comentarios