Algo huele a podrido en este levantino reino. Y no me refiero a las emanaciones (también filtraciones de humedad) que han de soportar los ocupantes de las nuevas secciones del Palau ganadas tras la última reforma. Tampoco al hecho de que las cuentas del auditorio no hayan cuadrado y al consiguiente intento de evitar que cayeran del cartel dos conciertos prestigiosos (el de Haitink y el de Harnoncourt del próximo día 2 de diciembre) mediante el poco ortodoxo método de cargar su coste a los presupuestos del año próximo. Ambas cosas, aunque no menores, han encontrado, o están en vías de encontrar, una solución. En el caso de las chapuzas arquitectónicas, es de esperar, no sin una buena dosis de escepticismo, también es verdad, que esta solución llegue pronto (ya hay una empresa encargada de la revisión) y sin merma para el erario público.…
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