Podríamos decir que este programa de la OSG en el Palacio de la Ópera de La Coruña, repetido al día siguiente en Oporto, estaba compuesto por obras musicales destinadas a ser oídas, lo que, en principio puede parecer una buena perogrullada. Hace años, en una entrevista radiofónica, contaba Antón García Abril cómo, en reuniones con otros compositores, tras analizar las partituras de sus nuevas composiciones, algunas quedaban preciosas en el papel, pero no había forma de oírlas, con lo que la música en ellas escrita no cumplía su fin último, que no es otro que ser oída. La frase, que cito de memoria y no es en absoluto literal, puede parecer excesivamente evidente, una “verdad de Perogrullo, que a la mano cerrada le llama puño”. Hay quien ha tenido que pasar casi medio siglo de experimentación para acabar por cerrar el círculo y llegar al…
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