Tras casi treinta años de asiduidad concertística, uno, que es de letras de toda la vida, va aprendiendo alguna que otra lección de las ciencias físicas. Les cuento: tengo comprobado que, al comienzo de un concierto, siempre se requiere del transcurso de algunos minutos de la primera obra del programa para que el discurso sonoro llegue a los oídos de uno en las condiciones adecuadas. Y la única razón que le encuentro a ese extraño y molesto fenómeno es la necesidad de aclimatación tanto de los instrumentos que se han reunido en un espacio que estaba antes vacío, como de las paredes de la sala, que hasta ese momento sólo albergaban un aire estático; ese aire necesita del impulso sonoro que proviene de la orquesta para moverse y trasladar la cantidad de sonido suficiente para llenar el volumen del auditorio; después, y sólo después de ese…
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