Es valiente inaugurar un ciclo de introducción a la música con Mahler. Esto es comenzar sin concesiones y no hacerse el paternalista. Como todos los años, el programa del ciclo hace un recorrido de carácter didactico, bastante amplio y bien pensado, por repertorios y tipos de agrupaciones. No obstante, lejos de las intenciones pedagógicas, esto es en realidad el abono de los pobres (las entradas son mucho más asequibles que de constumbre) del Auditorio de Zaragoza. No he podido reconocer casi a ninguna cara de los asiduos a las veladas de los Conciertos de Otoño o Primavera, y por la edad media del público los supongo ya bastante introducidos y familiarizados con la música. Esto me hace plantearme hasta qué punto en esta sala –y supongo que otras tantas- la asistencia, salvo la de los musicómanos reales, es cosa de figurar, de hacer…
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