Mientras salían los músicos veíamos a una orquesta jovencísima, vivaz (o vivaracha), bastante divertida y hasta un poco irreverente. A continuación salió el maestro Köhler, que es lo que más se puede parecer a un kapelmeister del barroco, a poner orden y concierto. Todos estos músicos tienen una energía impresionante. De hecho parece que tienen la especie de convicción de que por estar en la JONDE son solistas, y esto es muy eficaz. En medio de este derroche de energía es donde tiene su lugar Köhler para contenerlo, canalizarlo y filtrarlo, y así conseguir buenos resultados. Un buen director tiene que administrar, no puede sacar lo que los músicos no tienen. Y en este caso, los músicos tienen y regalan generosamente materia prima para el director. El sonido que ofrecen es límpido, son gente sin prejuicios todavía, y esta frescura es…
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