Al comienzo de la Sinfonía Concertante de Mozart, desde los primeros acordes, pude tener esa sensación la inminencia de que algo bueno iba a pasar, de que una conmoción se acercaba. Lo primero que se me vino a las mientes fue una sola palabra ¡Música!, con M de maravilla, de majestad, de Mozart. Tiene mucho arte, y mucho oficio, Tortelier. En las primeras frases marcó la línea que había de seguir desde esos momentos el concierto: un sonido profundo y lleno, fruto del trabajo concienzudamente hecho, y mucha, muchísima musicalidad. Parecía al principio que la orquesta iba a tapar a los solistas, pero tras las primeras frases de éstos, el ajuste fue perfecto.Desde esta su primera intervención, el dúo solista [Ver nota] mostró una afinación prácticamente perfecta, un timbre cálido y acogedor, y un fraseo claro y lleno de diálogo en el que…
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