No es oro todo lo que reluce, dicen los sabios y la voz popular, y es preferible antes tomarnos la sentencia semper et ubique que no caer desde el acero a la red y llevarnos una no muy grata sorpresa. A fin de cuentas, la noche complutense preparó una sesión que bien si en un principio podía haber sido un nuevo triunfo, acabó siendo eso, una más.A modo de Marron Glacé, o “castaña” confitada nunca mejor dicho, el programa de la Orquesta Nacional de Letonia era un dulce peligroso en manos de un niño. Si en la gran mayoría de estos casos los trabajadores del escenario suelen salir por la puerta grande gracias a que el público queda satisfecho por la empalagosa visión del de la tarima, ésta no es la excepción que confirma la regla; pero que quede constancia de lo errores que desmoronaron lo que podía haber sido una espectacular visión de un…
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