Karajan describió el primer movimiento de la Novena de Mahler como un implorante anhelo de belleza y armonía y en uno de sus últimos conciertos como titular de la Concertgebow, Chailly acentuó mas la belleza y armonía que el anhelo implorante. Todo lo contrario de lo que Leonard Bernstein hacía con esta orquesta en memorables conciertos a mediados de los ochenta. Lenny imponía tiempos lentísimos de una imploración extrema, cincelada con desgarradora intensidad. La imploración de Chailly fue en cambio concentrada en una línea cantabile nunca alterada por excesivas variaciones de tempi. Tal vez sea por ello que la cadenza apoyada en contrabajos a través de la cual el movimiento se desintegra en un caos sonoro fue en Chailly menos espectacular que en Bernstein, pero efectiva como expresión inicial de una lectura donde las premoniciones de…
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