La contralto británica Kathleen Ferrier (1912-1953) era reacia por naturaleza a los escenarios y prefería el recital. Tan sólo dos óperas atrajeron su fantasía irresistiblemente: Orfeo ed Euridice de C. W. Gluck y The rape of Lucretia de B. Britten, ambas afrontadas por vez primera en el Festival de Glyndebourne. De la primera se han conservado, por fortuna, dos grabaciones, documentado una visión del personaje de absoluta referencia.El providencial hallazgo de la voz de OrfeoLa Ferrier constituye un ejemplo de artista completamente entregada. Esa reluctancia al teatro se debió seguramente no tanto al miedo escénico o falta de confianza en sus facultades dramáticas, sino más bien a su carácter íntegro y a la profundidad con que concebía una actuación. Su manera de abordar Orfeo, un rol para el que se hizo cortar los cabellos con un aire…
Comentarios