Después de una manifestación sorda en una ciudad fantasma, una hora más tarde de lo previsto gracias al solidario criterio del auditorio, el maestro Inbal quiso dedicar el concierto a las víctimas del atentado de Madrid. Antes de que se hiciese la música guardamos un minuto de silencio, todavía más silencioso en esa tremenda caja de resonancia que es la Sala Mozart. Después, la música:Inbal fue sacándose de la manga toda la sinfonía, apenas sin esfuerzos, y con una gestualidad muy plástica, pero sobria, dio paso a cada uno de los episodios. La orquesta actuó como un instrumento único en manos del director, e interpretaron según su concepción del tempo y de la matización -muy extremada en esta sinfonía-. La familia de cuerda fue implacable en su sonoridad y precisión. Los vientos emitieron con fluidez y tiento -salvo el sonido metálico de…
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