Uno de los atractivos de la temporada de conciertos de cualquier orquesta es el desfile de solistas y directores invitados, porque justamente uno de los atractivos de la música es que suena distinta según quién la toque. Si además los invitados de una noche son jóvenes, el atractivo se multiplica porque uno no espera complaciente la lección de un maestro veterano, sino el ímpetu y las nuevas ideas de quien está obligado a abrirse paso. Esta noche actuaban dos jóvenes invitados con la Real Filharmonía (a pesar de la diferencia de edad, considero que un director de 38 años es más joven que un pianista de 26), aunque sólo uno satisfizo las expectativas.En el cuarto de hora escaso que dura Ensoñaciones -obra escrita en 1994 para orquesta de cuerda-, Alejandro Posada tuvo tiempo de sobra para poner de manifiesto que sabe respirar con…
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