Mientras escucho su grabación de La Traviata en el Teatro San Carlos de Lisboa, con Maria Callas cantando la Violeta que quizás soñó Verdi, un di felice, tal vez etéreo del lejano marzo de 1958; aquélla en la que la gran dama de la ópera le dijo: "Kraus ¿por qué ha llegado tan tarde a mi carrera?", y después de haberle dado mi último adiós en el vestíbulo del Teatro Real de Madrid con un nudo en la garganta, afronto la tarea, casi obligatoria en estas circunstancias, de escribir un artículo en homenaje a Alfredo Kraus, cuando no han transcurrido ni veinticuatro horas desde su muerte.Y será un artículo desde el corazón, porque no puedo escribirlo de otra forma. Yo, lo he dicho muchas veces en este mismo foro, soy simplemente una aficionada a la ópera, y para mi, este fin de semana de septiembre, mes que también nos robó a Callas, es…
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