Gardiner apareció en el escenario modestamente y con actitud de recogimiento. Como a punto de oficiar. Y efectivamente, ofició un milagro musical. Un señor de la fila de delante le dijo a su mujer al acabar: “Perfecto”. Y no habría mucho más que escribir en esta crítica. De hecho, muchas impresiones que escuché mientras salíamos del auditorio apuntaban a que acabábamos de asistir a un concierto único. Más comunión que esta no creo que la consiga hoy en día ningún sacerdote.La lectura de Gardiner de la Misa en Si de Bach fue atea en dos sentidos. Atea en tanto que profundamente musical, aunque pueda parecer un contrasentido, y además atea por lo mitológico: la interpretación por parte del coro de los textos litúrgicos prescindió de su función original, y fueron tratados con la serenidad de una recreación dramática, de una narración…
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